lunes, 24 de junio de 2024

El cartel de "(An)toñete"

(Fotografía de la ACT Chenel y Oro)

En la enésima lisarnasiada programada por Plaza 1, segunda corrida de toros tras el fin del ciclo isidril de 2024, triunfal en número de asistentes y huero de cosas para el recuerdo, aparecía abandonado sobre una barandilla del tendido 8 bajo un cartel con regusto (o reflujo) a la movida madrileña de los fabricados para la anterior corrida lidiada hacía justo una semana. Ese festejo que se hacía in memoriam de Antoñete, y que resultó en una in oblivione de todo lo bueno que legó el maestro, una herencia que cuida más el aficionado (que busca la emoción de lo verdadero) que el profesional (más afín al triunfo y la treta), pudiendo decir que Chenel ha sido más un espejo de aficionados que de toreros.

Tras siete días, los mismos que alumbraron la Creación, y muchos menos que los percibidos en cada faenar tedioso y juliano de los Pereras, Castellas o Talavantes, el cartel ahí permanecía, de espaldas al ruedo, mirando al tendido, como esos porteros simonianos que son afables con el hombre-pegado-a-un-gintonic que se mea encima y suspicaces con el que protesta. Ahí estaba, con el nombre del homenajeado amputado, sin la primera sílaba, quedándose como "Toñete", que bien podría pensar el matador Antonio Catalán Palazón que qué habría hecho él en su corta carrera para merecer tal homenaje. También se puede pensar en que si hubiera sido hace un año, con la In Memoriam Yiyo, la mutilación dejaría un "Yo" en el letrero, y quizá sería algo más acorde al ego del gestor intelectual de la plaza.

La cosa es que ese cartel, abandonado desde hacía una semana, aletargado en una barandilla, de espaldas a la arena, y con el nombre mutilado del torero de Madrid más recordado, estaba ahí gritándolo todo sobre la gestión irrespetuosa con el toro, la afición y la liturgia taurómaca de Domb y Garrido en Las Ventas para aquella alma que quisiera escucharlo de las 7.445 que penaron por la piedra venteña un 23 de junio.

Una gestión de Plaza 1, bajo la responsabilidad de la Comunidad de Madrid, que ha hecho de la Monumental ideada por Gallito una plaza Liberal en su ánimo y Liberalizada en sus precios (La Plaza de Toros Liberal de Las Ventas); que, por mor del poderoso caballero que decía Quevedo, ha convertido una plaza de temporada en la mejor discoteca de feria de Madrid; que descuida la conservación de un edificio catalogado como Bien de Interés Cultural mientras atiende con celo a cuitas de politicrastos por conservar el Premio Nacional de Tauromaquia, pero en formato autonómico; y que, sobre todo, se despreocupa de lo que acontezca en el ruedo, ya sea bueno o malo, para centrarse en promocionar unos tendidos colmatados de público profano que atraigan a sus bebederos a más y más taurinos a vivir la "experiencia" cool y underground de los "toros" en Madrid. Cénate Las Ventas. Y es que, como dijo Borges:

Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de 'rosa' está la rosa
y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'.

En lo que le falta a ese cartel de "(An)toñete" está todo el respeto que no tiene Plaza 1 a la Fiesta de los toros. Una desfachatez permitida y celebrada por la Comunidad Autónoma de Madrid, última responsable de Las Ventas. Ah, y en Otoño, otra lisarnasiada, por favor.

viernes, 21 de junio de 2024

Manifiesto del antitaurinismo no-animalista

Antitaurino no-animalista
Contra el taurinismo realmente imperante
Torista
Exigente
No equiparar la vida animal y humana
No apetecer lo divertido (sino lo emocionante)
Cazarrata antes que Ombú
España eterna
Españeta consensuada
Nada de Julián. De Antoñete
Cigarro, lila y oro. Puro
Nada artificial. De lo natural
Ni solfataras cursis, ni relojes aburridos
Nada de salón (de belleza y simpleza)
No a la nobleza
Ésta, objeto de revolución
"Après nous, le déluge"
En la plaza, sobre la piedra
"Chto délat?"
No tragar con los inválidos
Pañuelo verde, y no gintonic
Capa de agua, y no paraguas
Prismáticos, y no beodos
Geometría, y no aplausometría
Creatividad, y no meteorología
Variedad, y no uniformidad
Estética de la ética 
Integridad
El río Lete está aginebrao
Y arrastra colecciones de acontecimientos
Alétheia 
En los riñones está la bravura
El triunfo, en un bolsillo junto a una vejiga
Rebosante de glucosa fermentada
El arte de lidiar toros
O el (h)arte de educar públicos
Leer a Cazajús 
Zabala frente a un espejo (esperpento)
Navalón, Cañabate, Vidal
Y Abarquero como reflejo
El taurinismo afeita
El antitaurinismo afila
Sacapuntas contra serruchos
El taurinismo es el profiláctico
De la verdad 
Lo verdadero conduce a lo bello
Lo falso, a la deformidad
Uno paga (o no) y aplaude
Otro paga y duda
Cambiar dinero por ilusión, por cuestionarse
Tener la certeza de la necesaria muerte
Y la incertidumbre de lo contingente
Lo vivo, y no lo moribundo
No aceptar la simulación
Ejercitar regularmente la crítica que es
Lo contrario de lo que hace la prensa
Contra el poder
El taurinismo hace de los toros un turismo
(Para españoles)
De masas y gin
De lenguas y poses
Una mentira sin
Fin
La Fiesta Nacional y la fiesta estatal
La oikofobia del taurino
Es el "¡Vivaspaña!" del tendido 
Taurinismo cosmopolita
Antitaurinismo arraigao
Taurinista turista que estás en los cielos
Venga a nosotros tu bernadina
De la moral (Amón dictat)
No ver toros en el móvil 
Ni locutados por televisión 
La Fiesta telecomunicada
Es una fiesta mutilada
Contra el tele-toreo
El que va lo ve
Y el que no, no lo ve
Del que lo hace
Cuando lo hace
Antitaurino no-animalista,
Aquel que duda
Protesta
Porque pagas
Exige
Porque pagas
Para que no mientan
Porque pagas, ruge
Nada cuesta igual
Nada vale lo mismo
Antitaurino no-animalista, torista
Un extraño
En una patria
De pesebres con antibióticos

domingo, 16 de junio de 2024

In Memoriam Antoñete. Nostalgia de saber que, "en la liturgia de la tauromaquia, Antoñete es el papa"

(Paréntesis: Esto de las "In Memoriam", latinajo que satisface la gusa de haute culture del liberalio que puebla de gintonics la sombra, no es sino otra treta marketinera de Domb y Garrido para colgarse el No Hay Billetes, posicionarse en cabeza de carrera para el Premio Autonómico Ayuser de Tauromaquia y, sobre todo, para que se hable del sujeto objeto de la "In Memoriam" y no de los sujetos, bípedos y cuadrúpedos, que han actuado hoy. Y vaya si lo consiguen).

¿Se puede tener nostalgia, esto es, dolor originado por el recuerdo de una dicha perdida, pese a no haber experimentado esa dicha? ¿Si yo, desgraciadamente nacido tarde para haber visto a Antoñete (¡neotenia cultural!, qué cultura me abriga, ¿la del pase del pegolete?) siento nostalgia del Eminentisimus et Reverendíssimus, qué sentirá aquél que lo haya visto? ¿Cómo soportar esa tristeza, esa melancolía del humo enredado en un mechón blanco que sube de los dedos de la mano de Madrid? ¿Cuánta pena más tendrá cada uno de ellos visto lo de esta tarde, y leído lo de mañana sin un Vidal ni un Chenel? ¿Cómo no retorcerse con estos matadores de hoy, incapaces de lidiar a unos Jandillitas mansos, de blandiblú y pastueños (salvo el encastadito sexto) que le hubieran valido al Pontifex Maximum para acallar la ira de la afición y salir a hombros? ¿Qué dolor por la muleta incliná, por el sinsentido de la lidia, por el avasallamiento al toro de salida, durante y al final, por la descolocación, el perfileo y el pajareo, por la dilatación del trasteo hasta el desquicie del que paga, y, en fin, por hacer nada de lo que hacía el papa de la liturgia de la tauromaquia? ¿Cómo aficionarse a esta mentira en la que lo único que podría quedar de Antoñete es si un matador se tiñera en el Cortacabeza un mechón blanco? Mejor alucinar dándose al gintonic (al final será que Plaza 1 mira por el bienestar de los que pagamos facilitando la ingesta de alcohol y haciendo del público un coro báquico semi-inconsciente entre el que cunde el silencio sevillano).

El único alivio a la nostalgia de hoy ha venido cuando Ureña ha tenido la vergüenza y la dignidad de elevar su montera al cielo y brindar al homenajeado. Luego se entregó sin mando ni orden (hubo un atisbo de cite en la media distancia), y herido ante el encastadito sexto, al que mató arrojándose recto y maltrecho y del que recibió el apéndice del gin. Los otros dos matadores ni siquiera tuvieron el detalle de acordarse de aquél por el que se daba la corrida. No deben volver a Madrid. Han hecho de la In Memoriam, la In Oblivione. Manzanares, que lució sus toreros andares, para gusto de los ojos pintados, persiguiendo por el 4, 5, 6, 7, 8, 9 y 10 a su huidizo primero, al que dio algún derechazo estimable, y que vio hasta tres toros en su cuarto, y Talavante, al que se le fueron con las orejas otros dos autómatas del embestir, tan desnortado como un camaleón rodeado de banderas multicolor del Orgullo Gay, sin saber qué color imitar para camuflarse, si el tono jovial del que se va a portagayola, el matiz à la mode de las verónicas de pegolete y los derechazos ligados en noria pererial, o las tintas clásicas del que se pone, desafortunado, sin probaturas con la siniestra. Manuel Cid dejó dos buenos puyazos al quinto.

Decíamos que todo matador que se precie debería leer a Cazajús, y añadimos hoy que también habría de ver, aunque sea en vídeo, a Chenel, pero cunde la sensación de que estos matadores de hoy, si es que en algún momento piensan en toros y no en seguidores y visualizaciones, se deben poner vídeos de sí mismos faenando de campo en chándal o, peor aún, del Poderoso con subtítulos zabaliescos.

Nada como lo de hoy para saber y dolerse de que, "en la liturgia de la tauromaquia, Antoñete es el papa".

domingo, 9 de junio de 2024

Corrida de la Beneficencia. Me declaro antitaurino

No hablaré de la vergonzosa y ridícula farsa simulada a la que se ha atendido hoy como Corrida de la Beneficencia, otrora la tarde más importante de la temporada venteña. Me niego. El que quiera saber lo que ha pasado que lea frente al espejo la erupción digital de Zabala, pero sí utilizaré la corrida para hablar de una ínfima parte de lo que hace que hayamos llegado a esta Fiesta decadente que bien se resume en que Fernando Adrián (un hábil matador) esté a una Puerta Grande de igualar a César Rincón en salidas a hombros consecutivas (que se dice pronto, aunque el torero colombiano lo hizo en un sola temporada). La situación es tal que, si Orson Welles siguiera entre nosotros, su franqueza ante la experiencia desde el tendido le conduciría irremediablemente a hacer una segunda parte de su obra maestra Fraude (F for Fake, 1973) basada en la tauromaquia: Toro (T for Trick). Con todo, intentaré abreviar, que no es mi intención que el eutímico Eutimio me toque un aviso, ahora que el hombre se ha jubilado, y, mucho menos, que se sume a las decenas de los soportados por la afición en este San Isidro.

El toro no es un toro. Es un bóvido manufacturado desde el reposo atlético y el cebamiento, y cuyo criterio de selección es la imbecilidad, y no la casta, esa filiación centurial que lo hace ser lo que es. El toro bastardo.

El espectáculo es un tercio. Ese toro fabricado para el triunfo, no para la lidia, mutila la corrida y la deja en algo menos de una tercera parte: la faena de muleta. La Fiesta amputada.

El torero no torea. Paco Brines dijo que torear es parar, mandar, templar y cargar la suerte. Todo lo que no sea eso, es destorear, justo (casi) todo lo que vemos y a un toro bobo. Los destoreros triunfales.

El público no es aficionado. La mayoría de gente en los tendidos apetecen más lo divertido que lo emocionante, y una mayoría mayor que, como mucho, paga su suscripción a OneToro TV y cuya afición se restringe a la viralidad y al comentario del Emilio Muñoz de turno. El público hipermediatizado.

La prensa no es crítica. Ser periodista taurino es el oficio de portar y agitar un abanico grande, que sería la crónica o la noticia, montado en una vara, y contentar el ánimo del torero o ganadero al que se debe. La crítica acrítica.

Se imponen unas ética y estéticas del mal. Se trazan geometrías de la perversidad.

Hoy, por todo ello y tras la vergonzosa y ridícula Beneficencia, me declaro antitaurino y me doy al salchichón, como seguramente harán Urtasun y Von der Leyen (ibérico, eso sí, que lo pagamos todos).

Si alguien quiere ver un rayo de luz por algún lado, ahí tiene la profesionalidad y bien hacer de subalternos como José Chacón o Ángel Otero.

viernes, 7 de junio de 2024

XXV de San Isidro. D. José Luis González González, o la historia de las dos plazas

(Un inciso: salía por la Puerta Grande tras la salida de Borja Jiménez y venía en mi contra un torrente de jóvenes tan calcados a él y que, por sus trazas, era como si me sumergiera en una convención del PP de Moreno Bonilla, como si avanzara entre Borjas Maris Jiménez)

D. José Luis González González presidía esta tarde de viernes tras el aguacero de ayer que arrastró tres días de grises y abría tres días de gin. Martes, miércoles y jueves alumbraron pitones inmaculados, sin rastro de manufactura y que punteaban el corazón de la afición. Desde temprano, cada mañana, se compartían capturas de las puntas vueltas de Japonés, de Victorino, de las mazorcas que no cesaban de abrirse de Aviador, de Adolfo, o de cómo una sustancia como la queratina podría formar el terror que portaba en sus sienes Madrileño, de Escolar. Llegaba el viernes, llegaba Roca, y casi al despertar, a D. José Luis González González se le plantearía su primer dilema ético (¡qué laberinto ético el de presidir una corrida en Madrid!) que resolvería optando por la conformidad, la comodidad, como ya dijo que era lo más buscado un niño de Teruel a un micrófono desde el agua de una piscina libre de "panchitos".

D. José Luis González González, así, aprobó seis toros de Victoriano del Río de los que la afición también compartió imágenes, pero para denunciar el escándalo de unos pitones de puntas redondeadas, achatadas como el globo terráqueo, globalizadas, y alguna escobillada. Además, cuatro de los seis lucían el trapío de Olivenza. Luego los toros salieron como busca el taurinismo, esa alianza entre la oligarquía del toro y el españolito servil, esto es, de alta movilidad sostenible y de boba nobleza, salvo el encastadito primero. Dos rasgos que reunió, muy especialmente, el segundo, Dulce, al que el nombre le iba que ni pintado. Un toro que era un autómata de embestir, para el que los espectadores de Twitter, que meriendan y engullen comentarios de los Casas y Caballeros, pidieron la vuelta al ruedo, y un toro con el que poder extraer un pajuelo de la tinta de Zabala y criar cronistas volcánicos in sécula seculórum.

D. José Luis González González se iría hacia la plaza, como tantas otras veces, sin saber que, hoy, con sus decisiones éticas, iba a provocar la mayor escenificación de la historia de las dos plazas que conviven en Las Ventas. Una, la que paga su abono y exige, la que denuncia la mentira, el simulacro y la estafa, y que recibe insultos a cambio, la que se ilusiona cada día y se desilusiona en cada lance, la que lleva la cuenta de los avisos de la Feria (74), la que pasa parte de su mañana recortando serruchos de cartón, y otra parte leyendo la crónica de José Ramón Márquez, la que viene de Prosperidad, de Chamberí, de Méntrida, de Brihuega o de Almodóvar del Campo para sentarse en su piedra y ver si experimenta la fugaz emoción de la belleza y quedarse ahí, en ese momento, para siempre, y la que, en definitiva, hace que Madrid sea como es. Y otra, la que paga o no su entrada, la que consume ginebra de la plaza o del chino, la que hace cola en el Opencor de Alcalá y se pierde en las colas de los pasillos buscando su tendido, la que vibra igual con el Toreo que con el destoreo, la que insulta al que paga porque protesta, la que aplaude todo como aplaudía a los sanitarios a las ocho de la tarde desde el balcón, la que se lamenta por el toro manso que le toca a Roca y pide su devolución, la que se lleva al matador a hombros para sacarlo por la puerta de cuadrillas y, en resumen, la que hace que Madrid deje de ser como es.

D. José Luis González González vería cómo el primero, primero de capa distinta a lo cárdeno en tres días, podría ser el más presentable. Pronto el toro cantaría su humillación y su blandura en el capote de de Justo. Tras un paso por el picador hacia el que, por dos veces, fue andando y del que, también en dos ocasiones, se salió pronto, continuó demostrando su castita en el quite por chicuelinas con garbo de Borja Jiménez y en la buena lidia de Antonio Chacón. El toro no volvió a blandear. Entre el 9 y el 10 iniciaría de Justo con unos mandones y convenientes muletazos rodilla en tierra, que se concentrarían sólo en la mano derecha tras una colada por el izquierdo. Ya erguido, la faena se resumió en el frecuente PA-GA (el pajarear del torero y el ganar del toro), pero no protestes. Dejó media atravesada que hizo doblar al burel y D. José Luis González González sacó el pañuelo para anunciar un aviso.

D. José Luis González González atendería a cómo Borja Jiménez se iba a portagayola en el segundo, al que recetó ese eclecticismo de suertes de capa en el que el protestado, por chico y anovillado, Dulce lució su movilidad y humillación. Dejó bien al toro las dos veces ante el varilarguero, acudiendo la primera al paso, recibiendo trasero y saliendo suelto, y arrancando recto la segunda, para un puyazo caído rectificado en el que el toro empujó algo mejor. En el remate del quite de Roca se mostró toda la bobería de Dulce, cuando se quedó mirando absorto hacia el tendido como el que busca a ese de su pueblo que le han dicho otros de otra villa pedánea que hoy vendría al 4. Borja Jiménez empezó a faenar en el 6, por bajo, y el toro, de tanto humillar, clavó los cuernos e hizo palanca para darse un volteretón. Dio sitio al toro y una primera y segunda series en redondo, ceñidas y templadas, que, a la postre, serían las mejores. Continuó otra tanda por el mismo pitón, iniciada en semi-alcayata, trayéndose al toro y llevándolo desde y hacia fuera. Sobresalió el cambio de mano en el remate. Empezó a pies juntos al natural, luego algunos estimables espatarrado, otros a compás más cerrado descolocado y con la pata atrás. Cerró con unos pintureros y ajustados remates por bajo. La sensación era de que estábamos viendo al mismo Borja de Otoño, el de una atractiva irregularidad, pero delante había un Victoriano y no un Victorino. Torear, toreó en algún muletazo suelto. Hubo más gin que Toreo. Se tiró a matar detrás de la espada para dejar una estocada ligeramente desprendida y atravesada con la que el el toro, tras irse a tablas, tardó en caer. La plaza se tiñó de blanco, D. José Luis González González sacó uno blanco y luego, resistió. Honró y defendió a Madrid, a su idiosincrasia, a tantos y tantos toreros que han dejado aquí su recuerdo y a tantos y tantos más aficionados que se han dejado aquí buena parte de su capital. Unos muy pocos lo aplaudimos. Ahora bien, la turba bolinga tornó en turba indignada que, de tenerlo cerca, hubieran actuado como la masa enfurecida lo hizo con Tarquinio ante el rapto de Lucrecia. ¡Cómo se atrevía a no contentar el ánimo de triunfo, de coleccionar un acontecimiento que expulsar en ligeras expectoraciones sobre una desconocida esta noche en La Que Se Lía o que exhibir ya mismo para algunos de los 457 seguidores de Instagram! La realidad es que, mañana, difícilmente se recordará algo de esta faena. Y no por causa del alcohol ingerido.

D. José Luis González González sentiría algún pudor, cierta vergüenza, una pizca de responsabilidad, esperamos, cuando asomó la cosa anovillada, alargada y aserruchada que hacía tercero. El 7 protestaba con serruchos de cartón. Roca lo recibía entre gritos de "¡Novilleeeeero, Novilleeeeero!". Quitó por gaoneras y se quitó al toro lanzando el capote tras un traspiés. Se levantó y quitó de nuevo por gaoneras más ceñidas. Lo más torero de este torero que en su anterior tarde se exhibió como el mejor producto anti-Madrid, y hoy demostró que no le hace falta Madrid para mandar en esto (¿qué te queda, Madrid?). Brindó el afeitado al respetable e hincó rodillas. Tres por delante, dos por detrás y el remate para satisfacer el ánimo eticoloreado de la viernes. El toro era otro mobilis in mobili y Roca pensó que era idóneo para hacer lo que sabe hacer: neo-torear. Mientras iba acortando la distancia y ahogaba al bobo, el gin roncaba olés y el serrucho se dejaba para tanguear. Estallaban broncas en el tendido. Coleccionistas de acontecimientos y/o seguidores del Rey del Gin insultaban al que protestaba la lastimosa presentación del toro y/o la vulgar puesta en escena del matador. Roca degolló al toro y alzó la mano mientras vomitaba sangre. Cualquier matador que se precie debería leer a Cazajús.

D. José Luis González González que profundizaba en su asobinarse, agacharía la cabeza, esperamos, cuando irrumpió en el ruedo el cuarto, una cabra saltarina que se espanzurraría sobre la arena tras una verónica de de Justo y que se desplomaría bajo el caballo al encontrarse por segunda vez. La protesta creció y el toro enseñó su lengua. Con el apéndice salivado tintineando de un lado a otro, acudió al capote de un subalterno que lo lanzó hacia otro para cerrarlo con la facilidad de Kroos para hacer un cambio de juego. El toro-balón, que va donde uno lo manda. De Justo sufrió en la primera serie para evitar el desplome del toro. Se relajó en unos a derechas, con suavidad, pero despegadillo. El toro también iba largo y el matador, que comprendió la buena distancia, sólo acompañó, no toreó. Le rompió el estaquillador en su primer pase al natural y, desde ahí, el toro cambió a protestón por el izquierdo. De Justo se puso pesado hasta el aviso. También lo degolló y pidió perdón.

D. José Luis González González observaría aún más hundido en su marcador de conformidad social cómo Borja Jiménez se iría otra vez a portagayola entre gritos de "¡toreeeeero, toreeeeero!". Dio la larga cambiada y se lució en un ramillete de verónicas, echándose encima del toro, ganándole en los terrenos de toriles y rematando con una media achenelada. Arrebatado por lo que él, y una de las dos plazas, creían una injusticia, galleó por chicuelinas y dejó al toro con otra magnífica media de la que el animal saldría con las cuatro patas tambaleándose. Aterrizó tras el primer puyazo y se desplomó con el segundo. D. José Luis González González sacó el pañuelo blanco y, otra caída después, el verde. Florito and the Berrendos se llevaron su ovación y Borja Jiménez la suya por otra portagayola, de nuevo, limpia, al sobrero de Torrealta y a la que siguió una mixtura de capotazos a lo Talavante. El toro manseó notoriamente en los primeros tercios, con el matador dejándolo bien ante el picador. Empezó Borja Jiménez bajo el 7 con pases por alto sin enmendarse y un trincherazo de purísima estampa, como una caricia. Dio distancia al toro y, con la derecha, ejecutó una serie desajustado y sin templar ni mandar sobre el manso encastado, que lo medio arrolló y que humillaba y embestía hasta el final. En la siguiente tanda, aún con la derecha, recurrió a la noria de Perera, con la pata descaradamente escondida. Con la izquierda, sólo vimos trampas para el triunfo. Pinchó y mató luego de estocada caída. D. José Luis González González estimó que había una mayoría de pañuelos, que no la había, y se reconcilió con una de las dos plazas que representaba a la mayoría social, cosa que sólo Urtasun entiende y que desde nuestro abono podemos comprender como la mayoría del cubata. Borja Jiménez cerró así, abriendo la Puerta Grande, una tarde irregular, pero de absoluta entrega, de preocupación por la buena lidia y de rotunda ambición. Que se lo miren los (h)artistas que actúan mañana.

D. José Luis González González experimentaría, esperamos, ya con mayor comodidad y alivio por la Puerta Grande concedida, otra vez un grave bochorno cuando salió la cabra que era el sexto y se puso a olisquear la arena como buscando el rastro de glorias pasadas o, simplemente, como manso que era. Reculó ante el capote de Roca y lo quiso regatear. Lo sujetó bien y, al llevarlo hacia la contraquerencia, se marchó hasta el que guardaba la puerta para recibir un picotazo. Volvió con el matador hasta el picador titular ante el que empujó muy fuerte, cara arriba. Tal fue el empuje que el caballo se desbocó al finalizar y el toro se fue de nuevo hasta la puerta de cuadrillas para recibir un ligero castigo. Quedó crudo el manso, arreando con violencia a todo lo que alcanzaba, correteando como en la dehesa. Lo lidió bien Punta y Viruta clavó un buen último par. Roca lo fijó con mucho mérito en una primera serie con la derecha. El toro mugió y pronto se rajó, impidiendo neo-torear a Roca, que abrevió. A las 21:36 terminaba la corrida, con una juventud encamisada y empitillada inundando el ruedo.

A Luismi, «El Chatarrero»

Está el reloj de la plaza de Las Ventas y está él. Luismi, «El Chatarrero»: el hombre de un tiempo que se nos va. Luismi se dedi...