sábado, 9 de mayo de 2026

II de San Isidro 2026. No he visto nada de la corrida

Esta crónica es a la manera de muchos críticos taurinos: sin haber visto nada de la tarde. Lo que viene a continuación es lo que me han contado:

320 pases.
3 avisos.
Toros de La Quinta a la manera de El Freixo.
El legado del Atila de San Blas.
Tres toreros con 46 años de alternativa para deshonrar la suerte suprema.
Pa-pa-pa-oh
Pa-pa-pa-oh
¿Dónde estás, matador?
Pa-pa-pa-oh
Pa-pa-pa-oh
El de 22, Perera, en su sitio, que es fuera.
El de 19, Luque, en su momento, que es ya desde hace mucho.
El de 5, Rufo, en su pantomima, que es con la que se triunfa.
¡Matador, matador!Si todo estuviera mejor¡Matador, matador!¿A dónde vas matador?¡Matador, oh yeah!¡Matador, matador!*




* Letra de la canción «Matador» de Los Fabulosos Cadillacs, 1993

viernes, 8 de mayo de 2026

I de San Isidro 2026. Lenguas y poses

La lengua del cuarto Cuvillo se desplomaba de su boca casi al aparecer en el ruedo: la señal que precede al arte. Al huir del caballo la lengua se meneaba de un lado al otro, y del otro al uno y Talavante se frotaba las manos. ¡La de arte que se desprendía en cada salivazo y que sus muñecas debían recoger! La lengua llegó entera a la muleta y con ella hizo de la obra de Pollock un simple gotelé. Se iba tras ella ciegamente con su punta, lo único afilado en toda su morfología. Un hilo de baba unía lengua y muleta. Se palpaba el erotismo, como en los WhatsApps de Koldo. Ese apéndice excretor tras una sinuosa tela roja... Era ese Alien fálico salivando sobre la teniente Ripley. Mejor no saber qué hacía la crítica con sus manos. El torero sólo tenía que posar. Talavante posaba y posaba y la lengua no se cansaba. Podría haber estado poniendo poses hasta que la lengua cayera seca, que hubiera seguido embistiendo entre los huesos del torero. Cayó el toro de estocada caída, cayeron la lengua y el pañuelo azul. El matador se pasó su lengua por los morros al ver pasar la del toro, en claro homenaje. Se arrastraba al animal y la decencia de Madrid quedaba babeada.

Las Ventas se lame y se relame hasta que de ella sólo queden las taquillas y un cartel de "NO HAY BILLETES".

A Ortega no le vale ni la lengua. Es el artista hipermoderno: su arte empieza y termina en él, no necesita toro, le estorba. Hay que verle sin animal, sin traje y con su badajo por muleta, dándole vergazos al aire, que es su toro soñado.

II de San Isidro 2026. No he visto nada de la corrida

Esta crónica es a la manera de muchos críticos taurinos: sin haber visto nada de la tarde. Lo que viene a continuación es lo que...