viernes, 19 de mayo de 2023

IX de San Isidro. Muchas gentes de gintonic en mano habrán vibrado con el perfecto neo-toreo de Castella, y con Eutimio en el palco degradando aún más el nivel de Madrid.

Hoy volvíamos a la plaza sabiendo que era otra tarde de no hay billetes, pero sin saber con certeza quién estaba en el cartel. Era Manzanares, pero ¿con Talavante o con Castella? ¿Volvía hoy Luque? No, era otro de Sevilla. A mí me suena que hoy venía el peruano... Cábalas de la afición ante la idea salida de la cocorota de Simón de armar tantos carteles casi calcados para esta Feria que, eso sí, llenan la plaza de personas con gintonics. Por supuesto, de cuáles eran los toros ni nos preocupamos, habiendo superado ya la cima de los de Escolar.

El caso es que han sido cinco de Jandilla y uno de Vegahermosa (el sexto), todos puro Juan Pedro Domecq, para Castella, el reaparecido, Manzanares, el hijo, y Aguado, el que hace honor a su apellido. Un plantel que ha resultado en una tarde icónica de neo-tauromaquia, en la que todo el interés se ha reducido al último tercio y en la que se ha visto y se ha premiado a un perfecto neo-toreo, el de Castella al encastado cuarto. Hoy, muchas buenas gentes con vaso de plástico en mano habrán vibrado con ese neo-toreo basado en dos premisas, hoy, bien avenidas: un toro cursi/bobo de alta movilidad sostenible, y un torero que le aplica, con quietud y ligazón, las reglas del des-: des-carga, des-colocación y des-honestidad. Para que esto aconteciera, los jandillas han colaborado afablemente con su invalidez, su enanez, su nobleza y, sobre todo, con su blandura, tan blanda, que era como si estuvieran sometidos a la gravedad de Júpiter, de unos 25 m/s², visto su apego por la arena de Las Ventas. ¿Qué tienen que ver estos toros con los jandillas que siembran el pánico sobre el adoquín de Estafeta?

Del primero, sin picar y con tendencia a aterrizar, cabe reseñar dos sobrios pares de Chacón con rehiletes de color morado claro, que alguno ha visto en ellos un homenaje a Podemos y, otro, los ha tildado de afeminados. La faena de Castella, que lleva botijo, se resume en que termina con su traje blanco y plata igual de inmaculado que empezó, y que vuelve tan pesado como se fue. Mata de un feo bajonazo por el que, honradamente, pide perdón.

"¡Guapo! ¡Guapo!", le dicen a Manzanares, que lleva botella de plástico, mientras airea una vela para recibir al toro. Primer y segundo tercios pasan entre protestas por la flojeza del animal. Se ponen banderillas azules y blancas de Alicante, pero que Leo, acérrimo del Atleti, destaca como más bien propias del Manchester City. Diremos que lo que condensa la faena de Manzanares es que tampoco se mancha el traje. El flojo torete va sacando su castita más y más ante la falta de mando, de temple y la celeridad del matador, actuando como de teletrabajo, por la distancia que lo separa de él. Mata de un bajonazo con travesía y se nos anuncia que por Toledo está cayendo la mundial.

El tercer toro es aún más blando que los anteriores y remata a la llamada de un carpintero desde las tablas. Durante la faena de Aguado, que va con botella de plástico, nos percatamos de que el bóvido, efectivamente, podría haber pasado para los veterinarios como toro de lidia porque muge. No hay nada de interés. ¿Cómo puede ser este torero el mismo de aquella fantasía del 19? Ese día nos jodió la vida, sabedores de que difícilmente veríamos algo semejante, y ahora más, intuyendo que es casi imposible que lo repita. Faena de pesadez con el toro cayéndose entre gritos de "¡Ladrones, ladrones!". Mata de media estocada caída y atravesada.

Las condiciones óptimas para el neo-toreo del cuarto, Rociero, se ven en la gran lidia de Chacón, que lo cierra torerísimamente corriendo a una mano desde los medios hasta el 9. Castella brinda, se viene bajo el 7 e inicia muy en Castella con una serie de pases del celeste imperio, en una baldosa, sin enmendarse, pasándoselo muy cerca y con un precioso trincherazo de remate. Prosigue bajo el 6 con una serie de derechazos templados y un larguísimo pase de pecho. Se suceden varias tandas similares en las que el denominador común es el neo-toreo del descargue, la descolocación, la quietud y la ligazón frente a un animal que va y viene y viene y va sin una sola mala idea. Pasa a la izquierda y una racha de viento y la casta del burel embarullan la labor del francés y hacen que se tenga que alejar, entre aplausos, para volver a lo mismo con la derecha. Con un cambio de mano inicia una serie de naturales hondos, largos y ajustados, lo mejor de la faena. El izquierdo era el pitón del toro, que no vimos. Retorna a la derecha (parece un libro de Federico) intercalando cambios de manos y naturales de frente hasta que se acomoda en las cercanías. Se atraca de toro y mata de estocada contraria. Lo que no supo y quiso hacer Rufo, lo ha hecho Castella. Eutimio, el del buen ánimo, el que no debería seguir en ese palco, concede las dos orejas y degrada un punto más el nivel de la primera plaza del mundo, aunque nos contentamos con que no haya sacado el pañuelo azul.

Aparece el quinto y reaparece el velamen de Manzanares aireándose en forma de verónicas de lejanías, pero entre el calor del público. Durante la lidia, el toro aprieta hacia dentro y busca el cobijo de las tablas. Pese a ello, Manzanares se lo lleva a los terrenos del 3 y cerrado, por lo que el toro se apaga enseguida. Inicia alguna serie de "las vocales", con un primer cite a la voz de "¡Ah!", el segundo de "¡Eh!", y los siguientes de I, O y U, cantados por el respetable hasta que arranca el toro. Mata de estocada caída.

El último toro se arroja a la arena como una cucaracha bocarriba tras encontrarse por primera vez con el capote de Aguado, como cuando Ronaldo, Roberto Carlos y Robinho se echaron así al césped de Mendizorroza para celebrar un gol. El toro derriba al caballo, con Castella sacando al cornúpeta de ese Guernica en un buen papel de director de lidia. Juan Sierra pone un buen primer par. Todo es soso y aburrido y el matador da un mitin con la espada. Aguado está aguachinado.

Al final, no llovió.

jueves, 18 de mayo de 2023

VIII de San Isidro. Con casi nada, Morante impone la tiranía del talento sobre la vulgar falsedad de El Juli.


Antes de centrarnos en lo acontecido en el cuarto toro de la tarde, diremos del resto que los Lozano estarán encantados de volver todas las veces que los reclame Leo, porque es triunfal este día en el que apoderan a dos de los actuantes y colocan completo un encierro sospechoso de pitones, chico, flojo y boyante (salvo el encastado tercero). También diremos que la mano del Lili es muy buena colocando sus gónadas, pero es nefasta para la suerte de su matador en el sorteo, que gracias a las abreviaciones de Morante vamos en busca del tiempo perdido con el pegapasismo de tantas y tantas tardes, que la ensalzada poderosidad de Julián es la de mandar con el pico y para fuera a babóvidos que se arrastran por las antípodas del toro de lidia, y que Rufo es afortunado en los sorteos (ha lidiado dos de los toros más pequeños y más "colaboradores"), pero no así en lo de aplicar eso de parar, cargar la suerte, mandar y templar y cargar la suerte, que decía Paco Brines.

En cuanto a lo del cuarto toro, comprobábamos que Morante, entre todo lo que puede ser, es también un eficaz astringente y logra, como los ejercicios de Kegel, que nadie abandone su localidad por las ganas de orinar entre la muerte del toro anterior y la salida del suyo. Así, con las vejigas y la plaza llenas, aparecía en el ruedo Gaitero. Se estira Morante en una sola verónica suelta y se le escapa una sonrisa a la plaza. Enseguida se ve que el toro es del agrado del de la Puebla y, por eso, lo lidia, es decir, cuida, él mismo. Tiene la fuerza justa y sale aún más aflojado de sus encuentros con el picador. En estas, se va Julián a los medios a quitar el toro con unas chicuelinas como de sacudir el colchón que las buenas gentes aplauden. Lo de todos los días. Y en esas, Morante, como herido en su orgullo, como harto de tanta fealdad, de tanta vulgaridad, como queriendo decir quién manda en esto a este Julián de San Blas al que habían entronizado como Rey de Sevilla, se va también a los medios y la plaza brama. Opta por el lance fundamental, "mira, Juli, aprende", y mece tres verónicas lentísimas y dos medias, la última a pies juntos que ponen en pie a la plaza y entierran lo de Juli. El Lili pone dos dignos pares cuadrando en la cara y Morante se va debajo del 8. Unos estatuarios de puntillas, como Gallito, un trincherazo puntiagudo y el de pecho, y otra vez esos dos remates, para llevarse al toro al terreno del 6, que aplaude según se acerca. Una serie de derechazos culminados con un señor pase de pecho y algún natural suelto. Todo de frente, con temple, torería, todo lo contrario a lo que veníamos viendo. Joder, en cada lance nos íbamos sacudiendo de encima toneladas de pases y se demostraba que no es una quimera, eso del toreo. Era casi necesario que quedara patente en la misma tarde la diferencia entre el des-toreo o neo-toreo y lo clásico, lo esencial. Se había sometido a la vulgar falsedad de El Juli, gracias a Morante, a la tiranía del talento, cosa de unos pocos hombres y de los pocos momentos en que quieren. Una tiranía a la que, los aficionados, gustosamente nos sometemos. Decía Luhmann que el talento pasa a ser un fenómeno escandaloso para todos aquellos obligados a vivir de las apariencias. ¡Qué escándalo, Julián, príncipe de lo falso!

Diremos también que tiene su mérito lo de Julián en el quinto, en el que consigue rehacerse del escándalo de Morante y, a base de ese faenar suyo como de pintor callejero que vive del amaneramiento de sobar y sobar la acuarela para producir una y otra vez el mismo paisaje, recobra la atención del público, que jalea su actuación. En esos aplausos y bieeeeenes debe haber alguna conexión de la labor de Julián con el trabajador que todo españolito lleva dentro. Si no, no se entiende.

martes, 16 de mayo de 2023

Balada aforística sobre la primera semana de San Isidro.

Si las figuras de pitiminí se salen de Juampedro,
es para irse con un toro igual o más de lelo.
Por donde pisa una figura
no crece la casta,
o que se lo digan a La Quinta.
Con un pseudotoro sólo se puede desarrollar una pseudotauromaquia
en la que el mayor riesgo está en evitar que el toro se caiga.
Algo pasa en Las Ventas,
que ni con los toros de Pichorronco,
hay un verdadero tercio de varas.
El Toro de Escolar está para la ambición de hacer historia en el toreo
y reordenar el escalafón.
"¡Sube el precio, baja el toro!"

En lo falso, manda Julián de San Blas,
con Luque como su propuesto relevo,
aunque, Marco Pérez, un quinceañero,
lo puede adelantar.
Hay una distancia entre toro y torero,
aún sin mensurar,
que hasta a Roca lo deja sin palmoteo.
Robleño lucirá centelleante,
como un príncipe sin estoque,
tenga lo que tenga enfrente.
Se espera a Fonseca con el Toro,
y a Morante en Morante.
Cunde cierta desilusión,
con Téllez desde su apoderamiento por Simón.
En Las Ventas, la corrida dura hasta que se va el sol por su reloj,
si no actúa Perera.
"¡Que vuelvan los Lozano!"

La elitización de la plaza por los precios
produce su bernabeuización.
El periodista taurino tiene más ansia por coleccionar acontecimientos
que el público peneque y de aluvión.
La presidencia eutímica, de buen ánimo,
contenta a quienes tiene que contentar,
y que le den a la afición.
Antes se conocerá la fecha del Big Freeze
que saber qué sucede en los reconocimientos veterinarios.
No habrá pañuelos suficientes,
y de todo color,
para satisfacer el triunfalismo imperante.
"¡Fuera del palco, fuera del palco!"

lunes, 15 de mayo de 2023

VI de San Isidro. Vuelve el neo-toro con dos de José Vázquez y cuatro de El Parralejo, y rebrota un pesadísimo pegapasismo de dos horas y treinta y siete minutos.


Cualquiera que pasara por El Batán estos días, vería el encierro de El Parralejo, ganadería escogida para este día de San Isidro y para Perera, Téllez y Fonseca, y no encontraría razones para rechazar alguno de sus toros, pero, hete aquí, que los médicos veterinarios venteños concluyeron que sólo cuatro eran aptos para Madrid. Se tiene la sensación, casi certeza, de que los motivos que les condujeron a esa decisión se conocerán cuando haya libertad política en España o, en castizo, cuando las ranas críen pelo. Dos de José Vázquez remiendan la corrida. En este punto, agradecemos la meticulosidad del equipo de Plaza 1 al parchear con toros del mismo encaste, Juan Pedro Domecq. Una atención al detalle que les fue esquiva el día anterior, al colocar como sobrero en la de Escolar a uno de José Luis Pereda.

Dicho esto, las cabezas y los corazones seguían en los Escolares, en Robleño y en lo vivido ayer. Algunos también comentaban la impresión dejada por el quinceañero Marco Pérez por la mañana. Podíamos intuir que la corrida de hoy tendría dos partes, la de los de José Vázquez, que salieron descastados, y la de los de El Parralejo, muy bien presentados, encastaditos y de variada fuerza, y que, en ambas, gracias a la vuelta del neo-toro, rebrotaría un pesadísimo pegapasismo de dos horas y treinta y siete minutos.

La tarde abre con el detalle antañón de Fonseca regando su capote con un botijo. Los tejemanejes de Simón y Garrido con el ayuntamiento de Almeidón hacen que el confirmante acuda a esta cita crucial en su carrera en un autobús de la EMT. Como ya no hay Berlangas en España para filmar toda la verdad de esto, desde aquí ofrecemos gratuitamente la ocurrencia de que, para el próximo cartel de No Hay Billetes se organice una busiana similar a las del Real Madrid para recibir la llegada de un autobús con los tres matadores y sus cuadrillas en loor de multitudes. Fonseca confirma alternativa con Optimista, de José Vázquez e introduce el caos como principio ordenador de la lidia. Cuatro encuentros con el picador, tres con el de aquí y uno con el de allí, por el tancredismo de su tercero, Tito. Tras el intercambio de trastos y besitos, Fonseca sigue aplicando el caos en forma de insistentes pases al mansote y soso toro, que arrolla por el pitón izquierdo y desarma al torero. Se empecina futilmente en faenar sin orden. Tras el primer aviso, da un pinchazo, una estocada tendida y desprendida y un descabello. Tras los dos avisos, descabella al tercer intento.

Sale Humilde, torito de José Vázquez, y sale Perera de subalterno. Tras un primer picotacito, el toro cae y la atención se eleva del ruedo hacia las conversaciones entre abonados. Igualito que ayer. Ambel lidia con torería y Curro Javier banderillea con suficiencia. La solución de Perera contra el viento es verter agua de una botella de plástico sobre la muleta y ahogar al toro y al público en el pegapasismo del agujero negro de la galaxia NGC 4889, lo más pesado que existe en el universo. La faena es para poner a Perera y al torito encima del televisor y dejarles ahí, como reliquias del neo-toreo. Tras media estocada atravesada y desprendida, y recibir dos avisos, descabella a la sexta.

El primero de El Parralejo, Levítico, (ensabanado capirote mosqueado botinero) recibe una justa ovación de salida. Pelea tímidamente en el caballo, acudiendo siempre al relance. Lo lidia bien Navazo y Aguado pone un gran primer par. Téllez brinda a los micros y desarrolla su labor a voces, enganchones al final del muletazo y descolocado. Por debajo del toro que tenía veinte pases de noble embestida con cierta transmisión. Pincha y mata de un feo bajonazo tras un aviso.

También se recibe con aplausos a Camillero, que se deja dar mucho en un segundo puyazo empujando a media altura. Lidia perfecta de Curro Javier, buen segundo par de Ambel y magnífico Toñete al quite, que cierra al toro sin dar un capotazo. Perera muestra su cantada poderosidad al derribar al toro de un trallazo en el primer lance. Pronto se ve que Camillero es el toro soñado para el neo-toreo, que Perera se afana en aplicar circular y cansinamente. Parte del público, ya lo sabemos, enloquece con ese torero quieto, descargado y descolocado que dirige en paralelo y hacia fuera las embestidas nobles de un animal tan bobo como móvil. Suerte la nuestra, y de Las Ventas, que mata de estocada trasera y atravesada tras 4 pinchazos abajo.

Se aplaude a Marismeño a su salida, muy astifino. En el recibo capotero ya vemos que Téllez no está. El toro es bravo en el caballo y lo derriba en sus dos encuentros. La imagen es añeja, pero con el profiláctico de la posmodernidad que es más seguridad (el peto) a costa de la libertad. Navazo clava un par de gran riesgo cuarteando con el toro cimentado en la arena que pasa casi desapercibido. El toro se para por completo, así que comentamos sobre Téllez y lo que puede suceder para malearse en menos de un año. Esperamos que se percate de que las volteretas que más daño hacen son las que pegan en su cabeza los que le rodean. 

El último, Hostelero, también sale entre palmas. Realiza dos buenas peleas en varas. Juan Carlos Rey deja un buen primer par, andándole al toro, y un segundo más pasado. Fonseca se arrodilla en el centro del ruedo y derriba al toro con un pase cambiado por detrás. Se levantan ambos y se repite la historia, sin derribo del animal. Fonseca luce al toro en la larga distancia, pero ni manda, ni templa. El toro tiene casta, pero la fuerza justa, y el torero no halla la altura oportuna. De nuevo, se "pesa" de faena y da unas bernadinas tras el primer aviso, para matar a Hostelero de estocada caída. Seguimos esperando al bravo y joven torero mexicano, y pensando en que su garra pide al Toro.

domingo, 14 de mayo de 2023

V de San Isidro. Ahí está el toro cárdeno de José Escolar para quien quiera pasar a la historia de la tauromaquia.

Dos horas y veinte minutos de corrida transcurridas en un abrir y cerrar de ojos, en un pestañeo de esos que no se han podido dar hoy. Debemos empezar agradeciendo a D. José Escolar Gil por la Señora Corrida de Señores Toros que ha echado. Hemos de continuar honrando a los tres toreros que se han puesto delante, López-Chaves, Fernando Robleño y Gómez del Pilar. Y hemos de cerrar preguntándonos por qué los mandamases, Juli, Roca o Morante, no matan esta corrida. ¿En qué quedaría el toreo pufo de Tomás Rufo con estos Toros?

Ahí está el toro cárdeno de José Escolar para quien quiera hoy pasar a la historia de la tauromaquia. Por eso, la crónica de esta tarde la escribe el toro, con toda la riqueza de comportamientos y reacciones que ha enseñado, y que se resumen en el miedo que tiene el torero al toro, y no viceversa, como ocurre habitualmente.

Pocapena remata en tablas y resuena un aplauso. Salta junto a la cabeza y sobre el capote de López Chaves, y luego lo desarma violentísimamente. Dos minutos le bastan al de Escolar para mostrarse más toro que todos los que lo sucedieron días atrás y mostrarnos que todos ellos eran sucedáneos. Pocapena duda y escarba hasta irse a recibir un segundo puyazo desde el centro del ruedo. Los capotes dibujan suertes inéditas por el aire durante el segundo tercio. Los banderilleros corren de él como los jugadores del Barsa de la afición del Español. Se pega como una lapa tobillera tras el primer pase y, en ese pegarse, levanta por los aires al matador y lo hunde en el suelo. Milagroso I, el más guapo del encierro, exhibe su casta ya en un emocionantísimo recibo capotero de rodillas de Robleño. Mira y remira al matador entre pase y pase, pero, como a un mirón al que se le pilla en su voyeurismo, se entrega a embestir con fiereza cuando Robleño se queda quieto y le ciega la mirada con la muleta. Si no fuera por la espada, Robleño sería figura del toreo. Cartelero quiere comerse el engaño oliendo la arena. Lo hace en el capote y en la muleta. Embiste con codicia por ambos pitones. Un toro para reordenar el escalafón. Es celoso de su territorio, y lanza por el aire a Gómez del Pilar cuando se mete en él sin mando. Como su naturaleza es la de seguir peleando, se levanta del suelo con la espada dentro hasta la bola al oler el acero de la puntilla. Cartelero se va arrastrado en vuelta al ruedo pese a que apenas fue picado y salió de marras de su segundo encuentro con Sangüesa. Castellano I sabe dónde está situado cada cual en el ruedo. Ve a Robleño junto a las tablas y se va a por él. Por si no le queda claro, en el siguiente lance de brega lo mira de nuevo. Robleño soporta más miradas que las que echa Luismi el Chatarrero a sus acompañantes. El toro espera y espera y se lanza cuando ve la presa fácil. Se para y mira a López Chaves, sin opciones. Toledano se duerme empujando bajo el caballo en su primer puyazo. El toro es durísimo y Robleño inicia una pelea con él hasta arrebatarle, tras coger el estoque, una serie de naturales de auténtica verdad. En ese momento, el traje de Robleño centellea. Sale por último, Amado, y se asoma a saludar a los picadores. Da varias vueltas y se detiene en toriles por unos segundos. Instantes después, persigue a Gómez del Pilar y le obliga a soltar el capote para zafarse de él. Cae tras sus encuentros con el caballo y su poca fuerza conduce a las gentes a airear sus pensamientos a viva voz, que van desde un "vivaespaña", o "fuera botellones de Las Ventas", hasta un, "ay, si este fuera de Juan Pedro". Es lo que hay cuando el toro cae, aunque éste también se levantó tras varios puntillazos.

sábado, 13 de mayo de 2023

IV de San Isidro. El día de San Pedro Regalado, patrón de los toreros, Plaza 1 lo celebra con una corrida engendro y una oreja de regalo a Ginés.

El apunte de hoy viene con las notas de Leopolderías senior, desde el 8:

En la víspera de la tarde más esperada por la afición de Madrid, en el día de la Virgen de Fátima y de San Pedro Regalado, patrón de los toreros, Plaza 1 obsequió al respetable con una "corrida mixta". De esta manera es como la mercadotecnia taurina, amiga de los neologismos, denomina a una corrida en la que actúan rejoneadores y matadores de toros. No obstante, habría sido más adecuado nombrarla "corrida engendro", entendida como una obra intelectual mal concebida ab ovo. Mezclar separadamente centauros, caballos de picar, toros mutilados, toros sin mutilar, matadores, y públicos del rejoneo y del abono isidril, suena menos a ensalada mixta o a sándwich mixto, y más al mito de la creación de Empédocles, según el cual la Tierra produjo al principio miembros sin conexión: "de ella brotaron muchas cabezas sin cuellos, brazos erraban solos por doquier, sin espaldas, y ojos vagaban solos alrededor, privados de frente".

En términos generales, la "corrida mixta", congregó a un público también mixto que resolvió la tarde con un empate a una oreja: una para Ventura, otra para Ginés Marín.

Del rejoneador Diego Ventura tan sólo añadiremos que parecía el escolta de los alguacilillos Doña Rocío y Don Francisco Javier durante el paseíllo. 

Los de a cuatro patas para los de a pie, de Montalvo, fueron regordíos, flojos y descastados. Van cuatro días y aún estamos esperando ver siquiera un atisbo de la fuerza y el comportamiento esperables en un toro de lidia.

Ureña sin opciones con su lote. Ambos bureles se vinieron abajo enseguida.

Marín tuvo mejor suerte en el sorteo y con un público muy favorable logró cortar una oreja que premiaba su des-toreo basado en el perfilarse, echarse el toro para fuera  y, eso sí, quedarse quieto y ligar, que es lo que enloquece a los públicos peneques. ¿Cuántas orejas llevarán en Madrid toreros jóvenes del corte de Ginés Marín que vienen entronizados por entornos y medios de las que no recordamos absolutamente nada?

viernes, 12 de mayo de 2023

III de San Isidro. Corrida de toros de Juampedro sin pañuelos azules gracias al viento.


"Palcos exigentes. No al triunfalismo", rezaba la pancarta entre aplausos, mientras la vista se iba de forma no deseada a un culo expuesto que se interponía entre la reivindicación y nuestro asiento. Quizá Eutimio padeció una distracción similar ayer y, claro, dependiendo del tipo de culo que se pose en la mirada, uno puede sacar el pañuelo azul, el naranja y hasta el de los mocos con tal de seguir mirándolo. En ese ambiente, como hemos dicho, reivindicativo, por un lado, y alcoholizado, por otro, se levantaba en la plaza la tarde del viernes con un vendaval de esos del mes de mayo en Madrid. De los que se llevan por delante cualquier prognosis de los meteorólogos del cambio climático y de los que hubieran podido conducir a la locura a D. José María Fernández Egea de hacer girar y girar a toros en el arrastre. Nos acordamos de ese poema de Pessoa que decía algo del viento como sonido abstracto que nos dice que la mejor virtud es estar en silencio. Algo que podrían aplicarse todos los presidentes (y, a veces, también el público).

Y fue un airazo racheado el que condicionó en gran medida lo visto en el ruedo y el que hacía difícil valorarlo desde el tendido. Clima muy desapacible que recibía a seis toros de Juan Pedro Domecq para Daniel Luque, Ángel Téllez y Francisco de Manuel. Es irónico que haya tenido que venir la de Juampedro para ver, en apariencia, al toro de Madrid, lo que quiere decir que no habrá trapío ni casta cuando haya por ahí figuras de pitiminí. Corrida, por tanto, seria, bien presentada e igualada, con toros que se han ido sin picar al arrastre y que, en general, hasta entonces han mostrado justa fuerza, todo bondad y alta movilidad para hacer el toreo, el neo-toreo o lo que uno quisiera. Dos de ellos, los de Téllez, Verderón y, sobre todo, Teatrero, además, han mostrado complicaciones de interés (¿casta?) que han pasado para los tendidos desapercibidas o arrastradas por el aire. Eso sí, por tercera tarde consecutiva, el primer tercio ha sido un simulacro y es como si no hubiera sucedido.

El viento, decíamos, determinaba las actuaciones de los tres matadores. Gracias a él, Luque ofreció lo más emocionante con un recibo a su primero con la muleta casi enrollada en su antebrazo y él quieto en un palmo de terreno, sin enmendarse y rematando con un trincherazo. Luego, en sus dos toros, exhibió esa maestría cantada por los revistosos, que en realidad es esa corrección que encontramos en las carreras por la banda de Lucas Vázquez, en las columnas del ABC de Garrocho, o en la cortesía con la que atiende un empleado de El Corte Inglés. Nada chirría, nada de interés, nada de emoción. Puede haber ahí un relevo de El Juli. Estuvo bien Luque como director de lidia.

También el viento recogía el capote de Téllez y lo ceñía tanto sobre su cuerpo en una gaonera en la que el primer toro, de Luque, confundía entre persona y tela y el matador se llevaba un trompazo que lo enviaba al hule. Luque, en ánimo difícil de explicar, respondía con un quite. Téllez reaparecía en el cuarto, con el que no se acoplaría, y tampoco con el sexto. La razón podría ser por el golpetazo, el aire, o el apoderamiento de Simón Casas. Agradecer, no obstante, la figura siempre erguida de este torero, de frente al toro y su pata p'alante. No soltaremos ese clavo ardiendo al que nos adherimos el San Isidro pasado.

Francisco de Manuel vino con todo hecho en su cabeza o en la de su apoderado y se empecinó en aplicarlo de obstinada manera, hasta que el aire le fue sacudiendo todas esas ideas. Y todo realizado desde un descargue y descolocación que chocaban con el grato recuerdo de su última actuación aquí.

Del presidente, hoy, podemos decir que ha sacado el pañuelo blanco hasta en cinco ocasiones para dar aviso en cinco toros. Y hoy, seguramente gracias al viento, no ha habido ningún pañuelo azul.

Un toro ha cogido a mi padre

Un toro ha cogido a mi padre. Yo lo he visto por el móvil, sentado en el váter. Justo cuando venía la cogida, el toro y él se han salido del...