jueves, 11 de mayo de 2023

II de San Isidro. La historia de Eutimio y el hundimiento de Madrid.


D. Eutimio Carracedo Pastor se despertaría, imagino, con nervios. "Vamos, Euti, cariño, lo vas a hacer fenomenal esta tarde", le diría su mujer, mientras pensaba en el vestido que daría fe de ello. Él, ahogando su donut en el café y haciéndole el boca a boca entre sus dedos pringaos, estaría convencido. Recibiría un WhatsApp de Simón Casas que leería en la pantalla churretosa de su móvil: "Lo de la manana arreglao ya. Pasan los 6. Y eta tarde, alegria, Euti, no me lo jodass después de lo de ayer". Eutimio se acordaría entonces de que eutimia (εúθυμία) significa buen estado de ánimo. No sabe por qué sus padres lo nombraron así (el 20 de enero es San Eutimio abad), y tampoco sabe que eutimia se encuentra en la taxonomía de las pasiones que realiza el discípulo de Aristóteles, Adrónicos de Rodas, para quien es "el gozo en el tiempo que pasa, y la ausencia de preocupaciones respecto de todo". ¡Cómo no iría a hacer honor a su propio nombre (y llevar la contraria nada menos que a un discípulo de Aristóteles y a Simón Casas)! Así que se iría despreocupado hacia la plaza. Todo el personal le saludaría y todo el mundo le miraría con ojos deseosos de orejas, hasta le parecería que los caballos de la policía montada que patrullan la explanada venteña le querrían decir algo, animarle, relincharle algún buen augurio. Saludaría al ganadero, a este ex-matador, al otro y a Talavante y a Nacho, a Florito, a Ana Rosa Quintana con Roberto Gómez. Coño, Abellán. "Sí, Miguel, ya me ha dicho Simón. Hombre, señor Garrido. Sí, no se preocupe, aquí estamos para que la gente se divierta y la diversión llena la plaza. Vaya éxito estos dos primeros días, enhorabuena. Ah, y gracias por las del callejón para el lunes". Su mujer: "Euti, menuda presión, ¿no?". Qué dirá ella de presión, se diría Eutimio, como si no supiera cómo se consiguen las cosas y se olvidara de que está casada con un policía. Pensaría Eutimio: "Ay, los valores de nuestro lema: servicio (al que manda), dignidad (la que dibuja Milhouse), entrega (de sobres y condecoraciones) y lealtad (al mejor postor). Y diría; "¿Qué tal, Briceño, han recibido los mulilleros lo suyo? Me ha dicho nosequé el rehiletero ese. Ah, perfecto, pues vamos al lío". De buen ánimo, Eutimio se sentaría en su palco y, a partir de aquí, su historia ya no sería condicional y se haría presente.

Eutimio concede una oreja a Pufo y ese destoreo suyo tan cantado por el régimen, otorga dos ridículos apéndices a de Justo por un natural, un trincherazo y media serie de derechazos, rematado todo con una estocada caída, y premia con vuelta al ruedo a un torito ideal para el neo-toreo al que nadie se la pidió y que se fue a morir a tablas. Quizá lo más doloroso para la afición sea esto último, la vuelta al ruedo a Valentón de Garcigrande, cinqueño, negro listón de 523 kilos, que se mofa de aquellos otros grandes toros a los que se les pidió la vuelta al ruedo y no se les concedió tal y merecido honor, como Capitán de Hernández Pla, Zahonero de Miura o Camarín de Ibán. Conste aquí que Eutimio es, en su descarga, un lacayo, leal colaborador en la banalización del mal que lleva a cabo un régimen tauro-político absolutamente pérfido.

Así, bajo la presidencia de D. Eutimio Carracedo Pastor, la tarde del 11 de mayo de 2023, con seis toritos impresentables y supercomerciales de Garcigrande, y con Morante, de Justo y Rufo en el cartel, se mancilla como pocos recuerdan la historia de la plaza de Madrid, que es la de todos aquellos toreros que han derramado sudor y sangre para triunfar y fracasar, y la todos esos aficionados que han invertido tiempo y dinero para otorgarla un carácter. Cunde la sensación del hundimiento de Las Ventas en una fatal senda de triunfalismo. A Madrid se le está arrebatando su idiosincrasia, ¡defendámonos!

miércoles, 10 de mayo de 2023

I de San Isidro. "Nobellos" (novillos guapos) de La Quinta para las pseudotauromaquias julianas de los mandamases Juli, y Roca, y el zangolotino Alarcón.

Tras varios reencuentros y abrazos, nos arribó una sensación peculiar ya en el tendido. Resultaba extraño ver la plaza a rebosar el primer día de Feria, pero, claro, estaban en el cartel los mandamases de esto: El Juli, 25 años de alternativa, y Roca Rey, triunfador en Sevilla días antes del rabo del de La Puebla. Menos raro nos parecía que se anunciaran con los santacolomas de La Quinta y que lo hicieran con Álvaro Alarcón, de Torrijos (capital secular del bakalao en la zona centro), tomando la alternativa y abriendo cartel. Y decimos que nos chocaba menos ver a esos matadores con esa ganadería es porque si estas figuritas de alhelí se salen de juampedro y sus inagotables derivados es para irse con algo igual o más de bobo. Las figuras se identifican hoy como el mejor repelente de la casta o lo que pueda parecérsele. Por donde pasa una figura no crece la casta.

Entre ese aire funny, salieron seis buendías de La Quinta, muy chicos y guapos, "nobellos", todos cárdenos en variadas variedades que apenas fueron picados y exhibieron flojeza, sosería, boyantía y ni una sola mala idea. Es decir, prácticamente todo lo que no se espera de un toro de lidia. Unos anti-toros. Eso sí, fotogénicos como para ser retratados por otra belleza como Lauren Bacall, que venía hoy en el programa de mano. Con ese comportamiento, los dos primeros tercios en todos ellos pasaron tan rápido como corre Vinicius, aunque con una velocidad tediosa y tan fugaz que era como si por allí no hubiera pasado nada. Así, la corrida duró exactamente dos horas, y eso fue lo primero mejor de hoy.

¿Qué toro es aquél que plantea mayores dificultades y entraña mayor riesgo al tratar de evitar que se caiga que al ser toreado? En las escuelas taurinas deberían practicar con ahínco el levantamiento de capote en carrera hacia atrás: la levantina.

Con estos pseudotoros, lógicamente, sólo se puede desarrollar una pseudotauromaquia. La de Julián de San Blas fue la de siempre en sus dos toros, más jaleada en su primero por esa capacidad suya para sobar y sobar al torito, engañar y hacer ver ahí la soberanía del hombre sobre el súbdito animal. Ya dijimos por aquí que en lo falso, manda El Juli. Cómo sería la actuación de Roca esta tarde como para que ni el público de aluvión le aplaudiera. Toreó con las lejanías propias de un rey exiliado y no dio ningún pase del culito. ¿Cuál es esa distancia límite entre toro y torero que produce la desconexión de absolutamente todo espectador? El zangolotino Alarcón pudo engañar algo con su sosísimo primero, pero con el sexto, el mejor presentado y con un punto de castita, se descubrió su bisoñez en la primera serie y se le vino un mundo encima que no pudo levantar.

Lo otro mejor de hoy fue el segundo par de José Chacón al último de la tarde.

La sensación extraña que teníamos al empezar la tarde se hizo, extrañamente, paloma que caía en picado sobre las gentes del alto del 7 junto al 8. Otras épocas verían ahí algún augurio, pero a nosotros se nos vino a la cabeza un Hitchcock a la española o un desmayo prematuro de la naturaleza ante el arte de Morante del día después. Ya veremos.

domingo, 7 de mayo de 2023

Empieza San Isidro


"¡Baja tú, enterao, baja tú!"

En estos días de primavera, esa estación re-conocida por alumbrar una y otra vez la soberanía del Real Madrid en Europa, y en los que alborea la Feria de San Isidro, el periodismo taurino despunta y llena páginas y, de paso, sus bolsillos, con pigmaliones y pronósticos autocumplidos sobre el serial, mientras el aficionado, desinteresado de las adivinaciones periodísticas, aclara sus esperanzas y cavilaciones cuando un grito ciega su pensamiento, en estos días de primavera.

"¡Baja tú, enterao, baja tú!"

El aficionado se pregunta cuántas veces escuchará dicterio semejante durante la Feria de este año, y si será especialmente proferido cuando actúe Morante, por su rabo de Sevilla, Juli, por ser torero de Madrid (de San Blas), Roca, por sus pases del culito, Luque, porque así lo dictan los revistosos, o cuando destoree cualquier otro afín a los devaneos del taurinismo. No lo sabemos, no, ni nunca lo sabremos. Como "enterao", el aficionado sí sabe que cada tarde empieza con la lectura de la crónica del día anterior en Salmonetes, seguirá por Twitter y parará en algún bar de la calle Alcalá y sus aledaños. También conoce a quien se sentará a su lado en la plaza. Si no lo impide el consenso conyugal, J. no fallará ninguna tarde. Leo estará siempre y cuando no esté en el Metropolitano. E. y J. se turnarán con allegados y familiares en sus dos asientos. K. y A. son más volubles en su asistencia, sin llegar a no comparecer. Y otro A. vendrá seguro los días de lleno asegurado, porque lo que más le gusta es ver la plaza a rebosar. La afición sabe también que en la algarera plaza de Tetuán de las Victorias el paseíllo se daba envuelto en el humo del aceite de las fritangas, y que, al sentarse en la moderada plaza de hoy de Las Ventas, los actuantes comparecen en loor de gintonics. Por supuesto, es vox populi que por los bajos estará Luismi el Chatarrero acompañado de mujeres como oropeles que mirarán con codicia al personal de gañote que poblará el callejón al que se asomarán prismáticos desde los tendidos para matar el tedio de muchas tardes que adormecerá al espectador en el recuerdo de un momento dichoso o en el estrés de las tareas más mundanas del hogar o de labor, que la de Fuente Ymbro de este año sacará carbón, que es para Fandila, Leal y Valadez y que el Rosco dará la enhorabuena a Gallardo en su novillada. No lo sabe todo, no obstante, el aficionado, pues habrá de consultar continuamente la predicción meteorológica para adaptar su atuendo a las olas de calor sucesivas. Ya advierte Sloterdijk que es la meteorología y no la creatividad la que ha llegado al poder. Pero sí que sabe de otro tiempo el aficionado: que la corrida muere cuando la sombra cubre el reloj de la plaza y la tarde cae. Las Ventas, en San Isidro, es un gran reloj solar, que concilia el tiempo atmosférico y el metafísico.

"¡Baja tú, enterao, baja tú!"

Esas son cosas que el aficionado sabe y que sabe que no sabe, pero el aficionado, más que saber, lo que hace es esperar. Por ejemplo, se abandona en la esperanza naíf de sentarse en su trozo de piedra venteña con sus extremidades inferiores robustamente soportadas por un azulejado completo, con todas sus piezas blancas hexagonales. Que no haya toros mecánicos en los pasillos, ni que el más fotografiado sea el toro enano Chiquitín, en vez del pablorromero, son también esperanzas inocentes de la afición. Igualmente, una ilusión bisoña les lleva a esperar poder imponer su riguroso criterio sobre ese coro báquico indisciplinado y discordante que es el público de aluvión, así como a que cuando esté cayendo el último toro, por Dios, no esté sonando Nathy Peluso en la terraza del 7. Aunque si hay algo que el aficionado espera, por encima de todo, es al toro. Al toro-toro con sus cuernos íntegros, no de merengue, de esos confitados por la habilidad pastelera de un barbero, al toro con su verdadero carácter, no al fabricado para ser bobo, sin malicia y que se deja cortar las orejas, al toro con su casta y su fiereza, no al que, como al niño que, jugando, hace de toro, se le dice cómo tiene que embestir hasta lograr que sea el toro el que tenga miedo al torero. Los aficionados anhelan ver un toro tremendo, y no tremendismos. O tremendismos con un toro tremendo. Por eso, la corrida que más espera es la de los de Escolar con López Chaves, Robleño y Gómez del Pilar. Y sí, esperan a algunos matadores de toros, sí, hay cierta predilección por ciertos toreros que se ve, enseguida, ensombrecida por un favoritismo superior: el aficionado es del que lo hace, cuando lo hace. El que va lo ve, y el que no, no lo ve, es otra de las máximas. En esto de los toreros, incluso habrá alguno que espere, como el señor Esteban de Díaz-Cañabate, ser apoderado, para comprobar, aunque fuera por una sola vez en su chirle vida, que lo que le dice al torero, éste, lo aplica, y sale bien.

Y espera, el aficionado, muchas más cosas, como que lo diferente sea lo de siempre. Espera el milagro de ver torear y no tener que bajar él.

sábado, 29 de abril de 2023

El niño en la Puerta del Príncipe de Morante

Morante cortaba un rabo en Sevilla y abril se hacía julio. Una caló tumultuosa le aupaba, bajo el cielo del Guadalquivir, a él y a cincuenta y dos años de peso; y emergía, aún más por encima, un niño. Aviado como vestiría con cincuenta y dos años para ir a un mitin de Moreno Bonilla, pero un niño. A toro pasado, para algunos, lo sobresaliente es que el muchacho no graba con su móvil lo vivido, hundiendo a los búmeres en la nostalgia de su infancia sin brechas digitales. Para el que escribe, ese niño es una fiel representación del aficionado.
Todo está lleno de hombres, pero el niño, exento de la masa, observa y disfruta, en solitario, de lo histórico. ¿Cuántas veces hemos estado solos dentro de la muchedumbre?
Lo observa absorto y elevado, desde arriba, cerca de lo cenital y lejos de las cursíforas de Zabalita, pues sólo desde las alturas es posible rozar, de vez en cuando, lo real. ¿Cuántas veces nos han dicho: "¡Baja tú!"?
Aparece en lo alto, como un atlante de la Puerta del Príncipe, embelesado en una meditación muscular. Su mano agarra la piedra y su brazo resbala aferrándose a la columna, al pilar que sostiene lo reservado para el triunfo. Una postura en la que parece no sólo soportarse, sino también soportar la gravedad de ese pilar y aliviar así su carga. Comparte el peso del éxito, como un Cristóforo de la tauromaquia. ¿Cuántas veces hemos tenido que soportar el cargante tedio para descargarnos con el triunfo?
El rabo cortado por Morante llevó a ese niño a las alturas de esa columna y aupó con él toda la ilusión de los aficionados. La afición es ese niño ilusionado, más grande que Atlas, que soporta para disfrutar. Subía Morante y la tarde caía en la esperanza. ¿Cuántas veces hemos ido a la plaza con la ilusión de que un buen día podría ser?

domingo, 23 de abril de 2023

Vinicius Jr

Lo que hoy somos como españolitos, en potencia y en acción, está en Vinicius Jr. En lo que hace y en lo que se le dice y hace. Él es la a-létheia de nuestra Españeta. Un espejo. Por él, nos comprendemos como energúmenos, que siempre lo fuimos, laicos, desde el afrancesamiento, y serviles, por ideologización estatal.

Vinicius juega como un rayo que no cesa; fulgentemente recto, cae sobre el costado del rival, y el rival queda roto de blanco. Un rayo voraz, de piernas carnívoras sobre la yerba, que lleva el balón hacia delante como llega la luz a la sombra. Como todo relámpago, con naturaleza de cazador de defensas guarecidas en guadañas y de engendrador zangolotino de ofensivas. En fin, una descarga eléctrica que anuncia la inminencia de la tormenta: "y va el Madrid".

Y es que el relampagueo de Vinicius devuelve al fútbol a lo religioso tradicional, a aquello que nos religa con lo trascendente, con lo inexplicable, con el allende. Retornamos a una fe inocente y aniñada como la de la pequeña Borgen en Ordet de Dreyer. Nos lleva a creer en que hará lo que nadie hace, lo que algunos pocos hicieron y lo que ni somos capaces de imaginar. Mientras, todo el sistema-fútbol está religado con el poder del aquende (los clubes son estatales, autonómicos y locales), que ha hecho del tikitaka lo futbolísticamente correcto y se viene secularizando con ídolos de barro como Pedri. Ya Coleridge se lamentaba de que sólo lo visible es digno de fe, ¡y qué hay más visible que la agresividad de Gavi! ¿Cómo no creer en esa catártica violencia y cómo sí creer en el dolor de Vinicius si las voces de los televisoros nos insisten en que es fingido? Periodistas, ex-futbolistas hechos comentaristas y rouristas promueven la exclusión futbolística y social de Vinicius con un desprecio expandido desde la cocorota que encabeza la radio liberal, pasando por el pito flácido de los árbitros, y calando hasta los roncos corazones de antimadridistas travestidos de lealtades futbolísticas locales. Todos, energúmenos, laicos y serviles, desprecian a Vinicius. Si en política "¡populista!" es un insulto que esconde el desprecio de nuestras demogrescas al pluralismo, todo insulto a Vinicius es una repulsa fruto de la aversión a lo diferente y, en este caso, genial. Esto se vio en su excepcional partido frente al Varsa de Javi en la vuelta de Copa, que nos despertó del sueño sorayo de una Cataluña sanada y sacudió toda la vileza banalizada de esa comunidad imaginada.

En este fútbol mediatizado por la religión secular socialdemócrata cunde el tedio. Pasa lo mismo en los toros. Dos páramos culturales en los que algunos pocos aficionados deambulan esperando el milagro. Téllez lo hizo en Las Ventas y Vinicius lo hace en la Champions. Son dos clavos ardiendo a los que nos asimos. Para Ruiz-Quintano la única y última agarradera al fútbol es Vinicius. A ver si le dejan seguir siendo ese rayo que no cesa.

lunes, 3 de octubre de 2022

II de la Feria de Otoño. Adolfos duramente sólidos, sin figuras de alhelí enfrente y ante menos público que los novillos de Gallardo.

Tras más de lo mismo de la FuenteYmbrada del día anterior, y en este veranillo de San Miguel de los cuernos de un tal Onieva a la hija del Marqués de Griñón y la Preysler, íbamos a la plaza pensando en si veríamos unos Adolfos "líquidos", de los de la casta diluida, rebajada, como ese invento diabólico de la ginebra sin alcohol. Un pensamiento que, al sentarnos en el tendido, se vería desokupado por las cuentas de si habría más o menos gente que en la novillada de ayer. Era patente que faltaba mucho abonado y el Twitter de la empresa confirmaría que, ayer, 13.105, y hoy, 11.921. El experimento Nautalio de los precios de las entradas lograba que fuera más gente a ver a los novillos de Gallardo que a los serios Adolfos. ¿Será que no se conoce ya más toro que un FuenteYmbro?

Volviendo a lo de los cuernos, los seis Adolfos de hoy han salido sólidamente complicados, que viene siendo lo esperado de un toro de lidia. De ellos, tres han sido como de un blandibú difícil de amasar, otro "enclasao" que diría el ya silenciado Emilio Muñoz, y otros dos muy duros y complicados. También, en general, recibieron una lidia como de capea del divorcio, y pasaron por el caballo como el que pasa obligado por los tornos del metro. Eso sí, celebramos que hoy no hemos visto asomar la lengua de ningún toro y nos apenamos porque enfrente no hayan tenido a las figuras o a toreros de esos que se dicen poderosos, como Julián de San Blas.

Sale el primero, de ilustre nombre en la casa, Sevillanito, y blandea. Sale también del primer puyazo con un aterrizaje y del segundo lo salva el capote del hábil Iván García. Tras los rehiletes, confirma de Torres, de 31 años y con 10 de alternativa, y se va a los medios. Sin probaturas (¿qué es eso de hacer las cosas para el toro?), el cárdeno le trastabilla y le desarma. El aficionado Leopoldo descubre ahí que el matador es linarense, como él, mientras el toro se le queda debajo al tercer muletazo de cada serie. Sucede esta escena tantas veces, que parece que baile con el toro, amarrado a él como el tal Onieva a sus escarceos amorosos. Dudamos si es el animal el que se para o si es el matador que no tira de él. Tras un dechado de disposición y una meritoria última tanda, lo mata de estocada pescuecera.

El segundo y guapo de ovación, Verduras, se asoma de un salto por el hueco del burladero del 9. Sin empujar en el primer puyazo y tropezándose al salir, desarma a Román al dejarle listo para el segundo encuentro, que se resuelve sin ser picado. La lidia es una capea, las banderillas fugaces y brinda el torero. El toro se queda corto y Román empieza firme, queriendo mandar, un deseo que, como el de todo español de bien, se ve truncado por la realidad. Se tiene la sensación de que el toro le está ganando la pelea, pero el matador se ha ganado al público tragando algún parón. Ejecuta un metisaca y luego una estocada entera y contraria. Suena un aviso y descabella a la primera.

Barbea el tercero, Tomatillo, por toriles, sigue por el 3 y el 4, hasta que se encuentra con Ángel Sánchez y salen juntos a los medios. Toma dos puyazos en corto y dejándose dar. De Torres se echa el capote a la espalda y cruzado, cargando la suerte y sin enmendarse, ejecuta un emocionante y limpio quite por gaoneras. Responde Sánchez por chicuelinas, con menos emoción y menos pulcritud. Tomatillo arranca hacia toriles y allí le espera Curro Javier que, sin dudar, le gana la cara y clava un pedazo de par en los terrenos de la querencia. Con el toro ya colocado, deja otro torerísimo par y se desmontera para recoger la ovación del respetable. Sánchez brinda a una joven y empieza tan desconfiado por el derecho que enseguida cambia al izquierdo. El toro no dice ni mú por ahí y la gente dice muchos "ay" cuando vuelve a la mano derecha, porque el toro se acuesta. Se valora que Sánchez abrevie y, tras un pinchazo, cae el tercero de estocada tendida y atravesada.

Con Pastelero, toro más feote, se quiere estirar de Torres con el capote, da una buena verónica y luego el toro no le deja continuar. Recibe mucho en la primera vara sin empujar y, quizá por piedad, le ahorran el castigo en la segunda. En esas, Leo se acuerda de Rocío la alguacililla cuando Iván García se luce en un poderoso primer par de banderillas en los terrenos donde lo hizo minutos antes Curro Javier. El toro llega al último tercio con una lidia impecable de Miguel Ángel Sánchez, lo que anima a su matador a plantarse de nuevo en los medios con la muleta en la zurda y sin probaturas. Inicia y desarrolla así un trasteo vulgar ante la dulce embestida de Pastelero, por las afueras y rematando por arriba en múltiples series. Todo cambia cuando aguanta un parón del toro que sí que era para parar relojes y no las otras cosas que se cantan por ahí, y da dos series de derechazos de verdad y muy despacio. El toro le desarma dos veces y en el tendido entonces nos acordamos de la polémica del afeitado, porque de Torres arroja primero una, y luego otra, ayudas a la arena y ambas caen cruzadas como el logo de Wilkinson, "Free your skin". La faena termina con la constatación de que, idealmente, la diferencia entre una figura y un pobre está en el número de muletazos necesarios para entender a un toro así. De Torres pincha abajo y cae el aviso. Caen también otros seis pinchazos más y otro aviso. Arrecia la bronca cuando agarra el descabello y logra tumbarlo al quinto intento. Leo se apiada de su paisano entre pitos y abucheos.

Román recibe al quinto, Holgazán, y remata con tres medias a tres leguas de distancia. El toro pasa por el caballo entre caídas y protestas. Cae también en el quite de Sánchez y afloran los pañuelos verdes. Durante el desesperante tiempo en que el Presidente Oliver niega la devolución, nos preguntamos si el traje blanco y oro de Román terminará igual de blanco que al salir por la Puerta de Cuadrillas. Con el traje impoluto brinda a uno en el 9 y se empecina en faenar a un toro que se desploma entre serie y serie. Como no hay nada que ver ahí, nos fijamos en la torera postura de de Torres con los brazos apoyados por fuera de las tablas y la cabeza inclinada hacia lo que pudo ser y no fue. Román se sale de la suerte con tanta alevosía como quien tiene que tirar unos cartones en los rebosantes contenedores para reciclar del Madrid de Almeidón. La espada hace guardia y el toro finalmente muere con el primer descabello.

El último, otro de renombre en Adolfo, Aviador, saca obligado a Sánchez hasta la boca de riego, dejando ver sus aviesas intenciones. De esas se entera el picador y le propina una primera vara eterna y en la que caballo y toro giran y giran de manera copernicana. Recibe un segundo puyazo de nuevo fuerte y trasero. Antonio Molina pone un buen primer par de banderillas que no refrenda en el segundo. Ya con la muleta, Sánchez soporta una colada tremenda en el inicio por el izquierdo. Tras ese aviso, el toro lo lanza por los aires hasta dos veces. Aviador es un toro muy duro que mira y remira al matador, quien logra arrancar un buen natural por el izquierdo. Le cambia el pitón y tras la tunda recibida, va rápido a por el estoque. Se lanza y deja una estocada muy trasera a la que el toro responde lanzando al matador de nuevo al aire, que rueda hasta saberse a salvo y quedarse grogui. Se va aupado a la enfermería y descabella de Torres a la primera.

Y así nos fuimos, con la discoteca dominguera de Las Ventas y con el pensamiento de qué es lo que hace que vaya más gente a ver novillos de Gallardo que toros de Adolfo.

lunes, 29 de agosto de 2022

Novena de las Corridas Generales. Miuras con comportamiento de toros, complicados y desiguales para un público que desea Juampedros (¿?).

Con el anuncio de la subida de precios en Las Ventas, uno sube a Vista Alegre y ve, con tristeza, que desconchones, mugre, grietas, derrumbes y restos de botellón sólo se ven en la plaza que cuidan Abellán y Ayuso. Y no comparemos la limpieza de una y otra ciudad que, si se lo contamos a Almeidón, nos manda con su Estado de derecho a luchar en la playa de Crimea. Otra cosa son los asientos de plástico de la galería de la plaza a 37 grados Celsius y con lluvia discontinua, que hacen que añoremos la sencillez de una almohadilla sobre la piedra venteña.

Buceando en el chubasquero para asomar la cabeza, se piensa en que en esta Feria de Bilbao se ha hablado mucho del hombre, tanto de su ausencia en los tendidos, como de su grandeza en Roca Rey, pero no se ha hablado del Toro. No he conocido la Bilbao torista, y lo lamento. Un lugareño me comenta que su mejor recuerdo taurino cuando de pequeño le llevaba su aita a los toros es que se les picaba tres y más veces. Cosa que, de hacerse en la Bilbao ideologizada hoy hasta el desquicie, sería motivo de desorden público y algún taurino saltaría al ruedo a atentar contra el picador.

Entre estas reflexiones empieza la tarde de toros, con un calor mojado que a González Pons le inspiraría una nueva novela, pero que al aficionado le hace sólo cavilar qué le ha llevado a estar ahí sentado un 28 de agosto. Hoy, en el 75° aniversario de la muerte de Manolete (sin minuto de silencio), nos ha traído a la plaza el toro que se llevó al cordobés en Linares: Miura, de Lora del Río, de la A con asas, de la divisa verde y roja. Los toros de la leyenda, que uno se imagina cuando piensa en toros y de los que hasta un chino animalista ha oído hablar. Los seis de hoy, para López Chaves, Manuel Escribano y Fortes, resultan de capas variadas, trapío desigual, duros, complicados, con su reconocible mansedumbre y, en general, descastados.

Sale el primero, Escandaloso, negro bragado y muy chico, barbeando por todo el redondel y amagando el salto, como si lo viera difícil. En tiempos de necesidad de diversificar fuentes de energía, Palomares hace fracking con la puya en el lomo del Miura, que recibe por todos los toros de las Corridas Generales. Esa masacre la acusa el toro en el último tercio, aunque pone antes en apreturas a los banderilleros. En la firme muleta de López Chaves, sale con la cara por las nubes y soltando un pitonazo. Domingo traga y monta una meritoria faena en la que se impone al toro y es recompensada con una justa ovación que saluda desde el tercio.

El negro meano, jirón y axiblanco Pañoleto, es una vaca flaca de Miura que se desploma sobre la arena como los toros loados y premiados de Santiago Domecq de un día antes. Salen los bueyes con el pañuelo verde de Matías, a los que el Miura ignora yéndose derecho a toriles porque por allí ve moverse al mayoral. Las bondades del aplaudido segundo bis, Mágico de La Palmosilla, dejaremos que las canten los revistosos del taurineo. Sólo decir que su lengua es la única que asoma en toda la tarde.

No se deja de salida el colorado tercero y mejor presentado, Taponero. Pelea en varas con alegría y muge tan fuerte por el último par de banderillas que seguro le oyen en los montes de Bilbao que sobresalen por encima de la cubierta de la plaza. Fortes brinda al público y faena tratando de torear bien, pero el Miura, con más casta que el resto, se lo impide revolviéndose en una baldosa al ligar dos pases. Fortes prosigue en su empeño, de buena colocación, pero sin mando. La lucha se resuelve con la victoria de Taponero, que no encuentra una lidia apropiada por parte de su matador.

Con la lluvia y el sol dando una tregua, aparece Relator, un castaño bragado de 646 kilos que no permite que López Chaves se estire con el capote salvo en dos largas cambiadas, ni que se luzca Bernal con el caballo. Tiene la mansedumbre propia de su hierro y desarrolla listeza en el segundo tercio. Se frena, otea el ruedo y persigue a los dos banderilleros. Se desentiende de lo que tiene cerca, fijándose en todo lo demás al salir por lo alto del capote de Rafael González. A solas con el matador, su comportamiento se agria y López Chaves soporta frenazos, miradas, y salidas distraídas. A la tercera, logra matar al toro, que se traga su muerte de pie después de haberse quitado de en medio a toda la cuadrilla y al matador con la primera estocada casi entera dentro.

Al larguísimo quinto, Zalamero, negro bragado listón, Escribano lo recibe con su segunda portagayola, ambas con éxito. Parece Escribano un funcionario de las portagayolas, con una especie de rutina preestablecida hasta para irse a toriles. El toro da una coz al burladero y rompe la lluvia. Por el peto pasa sin pena ni gloria, pero recibe cera de lo lindo. Pese a ello, llega tan entero al segundo tercio que Robles y El Algabeño pasan un martirio con las banderillas, que ponen de una en una, en homenaje a la canción del verano de Quevedo: "Y nos fuimos en una / Empezamo’ a la una". La faena de Escribano discurre entre los topetazos del toro y los speeches de su cuadrilla desde la tablas, soportando a ambos con firmeza y una buena labor. Truena cuando entra a matar perdiendo la muleta y, como un relámpago, el Miura le persigue hasta obligarle a refugiarse apurado en el burladero de cuadrillas. A la segunda, de estocada trasera y caída, y tras dos puntillazos, muere el toro.

El cárdeno y más corto Erizo, último de Miura y de la Feria, recibe de Fortes dos verónicas templadas y de bella ejecución. Sigue lloviendo y acude al caballo al relance, dejándose. Las banderillas caen también de una en una y el toro aprieta hacia dentro al ver a Escribano pasar por detrás. Cuando Fortes coge la muleta se levanta un vendaval que Erizo parece querer parar a fuerza de gañafonazos y rápidas revueltas. Para el matador es imposible siquiera intentarlo y abrevia.

Y así termina una miurada que no muestra la casta esperada, pero que ofrece una tarde de toros con comportamiento de toros y que ha mantenido en todo momento la atención en el ruedo. No obstante, por el enfado del público con la conducta de los toros en varios momentos, uno se va pensando en si lo único que se espera ya del comportamiento del toro como toro, es una movilidad sostenible, obediente y boba. Si no es así, el gran público taurino parece despreciarlo y no lo reconoce como toro. Para ser toro, hay que comportarse como un Juampedro.

Un toro ha cogido a mi padre

Un toro ha cogido a mi padre. Yo lo he visto por el móvil, sentado en el váter. Justo cuando venía la cogida, el toro y él se han salido del...