viernes, 2 de octubre de 2026

II de Otoño 2026. "Se para momentáneamente"

"... Se para momentáneamente", decía el Gran Hermano venteño, una voz megafónica que reproduce las instrucciones que dicta un algo, un alguien o unos álguienes desconocidos que deciden sobre aquello a lo que vamos a dedicar nuestro tiempo una tarde de viernes, aunque pensáramos que eso ya lo habíamos decidido, y durante veinte minutos llovía sin un toro de los Lozano en el ruedo, aunque toro, lo que se dice un T-O-R-O, no hubo en toda la tarde, que hasta una vez se nos olvidaba que había un bicho en la arena, tan sumiso y embobado él en un burladero cerca del que mirábamos algo después, más arriba, cuando el cielo se nos caía en tromba y nos acordábamos de las carpas, Quechuas y chabolas que en la Puerta del Sol ha montado nuestra oligarquía para birlarnos la propiedad de una casa y que sea el Estado, es decir, BlackRock, el que administre nuestra existencia a lo rollo megafónico, y gota a gota deseábamos que se hundieran esos plásticos que encierran el olor a porro y el hedor juvenil de no tener presente ni futuro, ansiábamos que un torrente arenoso, un huracán en láminas lo arrastrara todo y dejara en pie, reluciente, el oso y el madroño, sin graffitis ni la decadencia en la que iba cayendo la tarde, que no sabíamos si nos caía lluvia o llovían ruinas, porque el aguacero vino justo tras la única tanda de naturales digna, en el primer toro, de Urdiales, que fue un tieso y ahora es un alguien, no como los de antes, los de la voz tiránica, sino como esos álguienes que pueden echarse un foulard al cuello, escurrirse toreando monarrachas semivivas y medrar por la cosa del (h)arte hasta hacerse un hueco en el escalafón que nadie ya mira, que tampoco ya nadie lee a los críticos acríticos, pero cuya voz cala y cala y cala en los públicos que hoy parecía que nos mojaba la lengua de Zabala, por cómo las gentes jaleaban las nonadas del de Cidacos y de Fortes, acosado a la carrera por el alcurrucén de más interés desde el 5 hasta el 9, un arreón que el malagueño no termina de dar nunca, otro eterno esperado, como sí da, en cambio, flequillazos, y que tampoco mata, ni él ni los otros dos que hacían la terna, igual que tampoco se pica: primero se masacra y, en el segundo encuentro, se señala, ¡hala! Alas de su ángel de la guarda que salvaban a Parejo cuando entraba a matar al tercero, que se arrancaba con el brío de una erección, se apagaba como se espachurra un cigarro, y cuyo pitón derecho se pudo enterrar entero en el torso del gaditano, que volvía a nacer, como ya hizo el 27 de agosto, esa vez en torero, y de él, tras lo de hoy, ya no esperamos mucho más que deje de tener como referente a Julián, porque ya vuelve a oler a muerto.

Un momento en Las Ventas, entonces, puede durar los veinte minutos que tarden tres toreros y unos cuantos hombres de traje y con paraguas en decidir si el festejo sigue o no, mientras montan su carpa de Sol en el callejón. "... La corrida continúa para delante", dijo la voz orwelliana después. Pues ojalá hubiera continuado para atrás.

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