domingo, 7 de mayo de 2023

Empieza San Isidro


"¡Baja tú, enterao, baja tú!"

En estos días de primavera, esa estación re-conocida por alumbrar una y otra vez la soberanía del Real Madrid en Europa, y en los que alborea la Feria de San Isidro, el periodismo taurino despunta y llena páginas y, de paso, sus bolsillos, con pigmaliones y pronósticos autocumplidos sobre el serial, mientras el aficionado, desinteresado de las adivinaciones periodísticas, aclara sus esperanzas y cavilaciones cuando un grito ciega su pensamiento, en estos días de primavera.

"¡Baja tú, enterao, baja tú!"

El aficionado se pregunta cuántas veces escuchará dicterio semejante durante la Feria de este año, y si será especialmente proferido cuando actúe Morante, por su rabo de Sevilla, Juli, por ser torero de Madrid (de San Blas), Roca, por sus pases del culito, Luque, porque así lo dictan los revistosos, o cuando destoree cualquier otro afín a los devaneos del taurinismo. No lo sabemos, no, ni nunca lo sabremos. Como "enterao", el aficionado sí sabe que cada tarde empieza con la lectura de la crónica del día anterior en Salmonetes, seguirá por Twitter y parará en algún bar de la calle Alcalá y sus aledaños. También conoce a quien se sentará a su lado en la plaza. Si no lo impide el consenso conyugal, J. no fallará ninguna tarde. Leo estará siempre y cuando no esté en el Metropolitano. E. y J. se turnarán con allegados y familiares en sus dos asientos. K. y A. son más volubles en su asistencia, sin llegar a no comparecer. Y otro A. vendrá seguro los días de lleno asegurado, porque lo que más le gusta es ver la plaza a rebosar. La afición sabe también que en la algarera plaza de Tetuán de las Victorias el paseíllo se daba envuelto en el humo del aceite de las fritangas, y que, al sentarse en la moderada plaza de hoy de Las Ventas, los actuantes comparecen en loor de gintonics. Por supuesto, es vox populi que por los bajos estará Luismi el Chatarrero acompañado de mujeres como oropeles que mirarán con codicia al personal de gañote que poblará el callejón al que se asomarán prismáticos desde los tendidos para matar el tedio de muchas tardes que adormecerá al espectador en el recuerdo de un momento dichoso o en el estrés de las tareas más mundanas del hogar o de labor, que la de Fuente Ymbro de este año sacará carbón, que es para Fandila, Leal y Valadez y que el Rosco dará la enhorabuena a Gallardo en su novillada. No lo sabe todo, no obstante, el aficionado, pues habrá de consultar continuamente la predicción meteorológica para adaptar su atuendo a las olas de calor sucesivas. Ya advierte Sloterdijk que es la meteorología y no la creatividad la que ha llegado al poder. Pero sí que sabe de otro tiempo el aficionado: que la corrida muere cuando la sombra cubre el reloj de la plaza y la tarde cae. Las Ventas, en San Isidro, es un gran reloj solar, que concilia el tiempo atmosférico y el metafísico.

"¡Baja tú, enterao, baja tú!"

Esas son cosas que el aficionado sabe y que sabe que no sabe, pero el aficionado, más que saber, lo que hace es esperar. Por ejemplo, se abandona en la esperanza naíf de sentarse en su trozo de piedra venteña con sus extremidades inferiores robustamente soportadas por un azulejado completo, con todas sus piezas blancas hexagonales. Que no haya toros mecánicos en los pasillos, ni que el más fotografiado sea el toro enano Chiquitín, en vez del pablorromero, son también esperanzas inocentes de la afición. Igualmente, una ilusión bisoña les lleva a esperar poder imponer su riguroso criterio sobre ese coro báquico indisciplinado y discordante que es el público de aluvión, así como a que cuando esté cayendo el último toro, por Dios, no esté sonando Nathy Peluso en la terraza del 7. Aunque si hay algo que el aficionado espera, por encima de todo, es al toro. Al toro-toro con sus cuernos íntegros, no de merengue, de esos confitados por la habilidad pastelera de un barbero, al toro con su verdadero carácter, no al fabricado para ser bobo, sin malicia y que se deja cortar las orejas, al toro con su casta y su fiereza, no al que, como al niño que, jugando, hace de toro, se le dice cómo tiene que embestir hasta lograr que sea el toro el que tenga miedo al torero. Los aficionados anhelan ver un toro tremendo, y no tremendismos. O tremendismos con un toro tremendo. Por eso, la corrida que más espera es la de los de Escolar con López Chaves, Robleño y Gómez del Pilar. Y sí, esperan a algunos matadores de toros, sí, hay cierta predilección por ciertos toreros que se ve, enseguida, ensombrecida por un favoritismo superior: el aficionado es del que lo hace, cuando lo hace. El que va lo ve, y el que no, no lo ve, es otra de las máximas. En esto de los toreros, incluso habrá alguno que espere, como el señor Esteban de Díaz-Cañabate, ser apoderado, para comprobar, aunque fuera por una sola vez en su chirle vida, que lo que le dice al torero, éste, lo aplica, y sale bien.

Y espera, el aficionado, muchas más cosas, como que lo diferente sea lo de siempre. Espera el milagro de ver torear y no tener que bajar él.

sábado, 29 de abril de 2023

El niño en la Puerta del Príncipe de Morante

Morante cortaba un rabo en Sevilla y abril se hacía julio. Una caló tumultuosa le aupaba, bajo el cielo del Guadalquivir, a él y a cincuenta y dos años de peso; y emergía, aún más por encima, un niño. Aviado como vestiría con cincuenta y dos años para ir a un mitin de Moreno Bonilla, pero un niño. A toro pasado, para algunos, lo sobresaliente es que el muchacho no graba con su móvil lo vivido, hundiendo a los búmeres en la nostalgia de su infancia sin brechas digitales. Para el que escribe, ese niño es una fiel representación del aficionado.
Todo está lleno de hombres, pero el niño, exento de la masa, observa y disfruta, en solitario, de lo histórico. ¿Cuántas veces hemos estado solos dentro de la muchedumbre?
Lo observa absorto y elevado, desde arriba, cerca de lo cenital y lejos de las cursíforas de Zabalita, pues sólo desde las alturas es posible rozar, de vez en cuando, lo real. ¿Cuántas veces nos han dicho: "¡Baja tú!"?
Aparece en lo alto, como un atlante de la Puerta del Príncipe, embelesado en una meditación muscular. Su mano agarra la piedra y su brazo resbala aferrándose a la columna, al pilar que sostiene lo reservado para el triunfo. Una postura en la que parece no sólo soportarse, sino también soportar la gravedad de ese pilar y aliviar así su carga. Comparte el peso del éxito, como un Cristóforo de la tauromaquia. ¿Cuántas veces hemos tenido que soportar el cargante tedio para descargarnos con el triunfo?
El rabo cortado por Morante llevó a ese niño a las alturas de esa columna y aupó con él toda la ilusión de los aficionados. La afición es ese niño ilusionado, más grande que Atlas, que soporta para disfrutar. Subía Morante y la tarde caía en la esperanza. ¿Cuántas veces hemos ido a la plaza con la ilusión de que un buen día podría ser?

domingo, 23 de abril de 2023

Vinicius Jr

Lo que hoy somos como españolitos, en potencia y en acción, está en Vinicius Jr. En lo que hace y en lo que se le dice y hace. Él es la a-létheia de nuestra Españeta. Un espejo. Por él, nos comprendemos como energúmenos, que siempre lo fuimos, laicos, desde el afrancesamiento, y serviles, por ideologización estatal.

Vinicius juega como un rayo que no cesa; fulgentemente recto, cae sobre el costado del rival, y el rival queda roto de blanco. Un rayo voraz, de piernas carnívoras sobre la yerba, que lleva el balón hacia delante como llega la luz a la sombra. Como todo relámpago, con naturaleza de cazador de defensas guarecidas en guadañas y de engendrador zangolotino de ofensivas. En fin, una descarga eléctrica que anuncia la inminencia de la tormenta: "y va el Madrid".

Y es que el relampagueo de Vinicius devuelve al fútbol a lo religioso tradicional, a aquello que nos religa con lo trascendente, con lo inexplicable, con el allende. Retornamos a una fe inocente y aniñada como la de la pequeña Borgen en Ordet de Dreyer. Nos lleva a creer en que hará lo que nadie hace, lo que algunos pocos hicieron y lo que ni somos capaces de imaginar. Mientras, todo el sistema-fútbol está religado con el poder del aquende (los clubes son estatales, autonómicos y locales), que ha hecho del tikitaka lo futbolísticamente correcto y se viene secularizando con ídolos de barro como Pedri. Ya Coleridge se lamentaba de que sólo lo visible es digno de fe, ¡y qué hay más visible que la agresividad de Gavi! ¿Cómo no creer en esa catártica violencia y cómo sí creer en el dolor de Vinicius si las voces de los televisoros nos insisten en que es fingido? Periodistas, ex-futbolistas hechos comentaristas y rouristas promueven la exclusión futbolística y social de Vinicius con un desprecio expandido desde la cocorota que encabeza la radio liberal, pasando por el pito flácido de los árbitros, y calando hasta los roncos corazones de antimadridistas travestidos de lealtades futbolísticas locales. Todos, energúmenos, laicos y serviles, desprecian a Vinicius. Si en política "¡populista!" es un insulto que esconde el desprecio de nuestras demogrescas al pluralismo, todo insulto a Vinicius es una repulsa fruto de la aversión a lo diferente y, en este caso, genial. Esto se vio en su excepcional partido frente al Varsa de Javi en la vuelta de Copa, que nos despertó del sueño sorayo de una Cataluña sanada y sacudió toda la vileza banalizada de esa comunidad imaginada.

En este fútbol mediatizado por la religión secular socialdemócrata cunde el tedio. Pasa lo mismo en los toros. Dos páramos culturales en los que algunos pocos aficionados deambulan esperando el milagro. Téllez lo hizo en Las Ventas y Vinicius lo hace en la Champions. Son dos clavos ardiendo a los que nos asimos. Para Ruiz-Quintano la única y última agarradera al fútbol es Vinicius. A ver si le dejan seguir siendo ese rayo que no cesa.

lunes, 3 de octubre de 2022

II de la Feria de Otoño. Adolfos duramente sólidos, sin figuras de alhelí enfrente y ante menos público que los novillos de Gallardo.

Tras más de lo mismo de la FuenteYmbrada del día anterior, y en este veranillo de San Miguel de los cuernos de un tal Onieva a la hija del Marqués de Griñón y la Preysler, íbamos a la plaza pensando en si veríamos unos Adolfos "líquidos", de los de la casta diluida, rebajada, como ese invento diabólico de la ginebra sin alcohol. Un pensamiento que, al sentarnos en el tendido, se vería desokupado por las cuentas de si habría más o menos gente que en la novillada de ayer. Era patente que faltaba mucho abonado y el Twitter de la empresa confirmaría que, ayer, 13.105, y hoy, 11.921. El experimento Nautalio de los precios de las entradas lograba que fuera más gente a ver a los novillos de Gallardo que a los serios Adolfos. ¿Será que no se conoce ya más toro que un FuenteYmbro?

Volviendo a lo de los cuernos, los seis Adolfos de hoy han salido sólidamente complicados, que viene siendo lo esperado de un toro de lidia. De ellos, tres han sido como de un blandibú difícil de amasar, otro "enclasao" que diría el ya silenciado Emilio Muñoz, y otros dos muy duros y complicados. También, en general, recibieron una lidia como de capea del divorcio, y pasaron por el caballo como el que pasa obligado por los tornos del metro. Eso sí, celebramos que hoy no hemos visto asomar la lengua de ningún toro y nos apenamos porque enfrente no hayan tenido a las figuras o a toreros de esos que se dicen poderosos, como Julián de San Blas.

Sale el primero, de ilustre nombre en la casa, Sevillanito, y blandea. Sale también del primer puyazo con un aterrizaje y del segundo lo salva el capote del hábil Iván García. Tras los rehiletes, confirma de Torres, de 31 años y con 10 de alternativa, y se va a los medios. Sin probaturas (¿qué es eso de hacer las cosas para el toro?), el cárdeno le trastabilla y le desarma. El aficionado Leopoldo descubre ahí que el matador es linarense, como él, mientras el toro se le queda debajo al tercer muletazo de cada serie. Sucede esta escena tantas veces, que parece que baile con el toro, amarrado a él como el tal Onieva a sus escarceos amorosos. Dudamos si es el animal el que se para o si es el matador que no tira de él. Tras un dechado de disposición y una meritoria última tanda, lo mata de estocada pescuecera.

El segundo y guapo de ovación, Verduras, se asoma de un salto por el hueco del burladero del 9. Sin empujar en el primer puyazo y tropezándose al salir, desarma a Román al dejarle listo para el segundo encuentro, que se resuelve sin ser picado. La lidia es una capea, las banderillas fugaces y brinda el torero. El toro se queda corto y Román empieza firme, queriendo mandar, un deseo que, como el de todo español de bien, se ve truncado por la realidad. Se tiene la sensación de que el toro le está ganando la pelea, pero el matador se ha ganado al público tragando algún parón. Ejecuta un metisaca y luego una estocada entera y contraria. Suena un aviso y descabella a la primera.

Barbea el tercero, Tomatillo, por toriles, sigue por el 3 y el 4, hasta que se encuentra con Ángel Sánchez y salen juntos a los medios. Toma dos puyazos en corto y dejándose dar. De Torres se echa el capote a la espalda y cruzado, cargando la suerte y sin enmendarse, ejecuta un emocionante y limpio quite por gaoneras. Responde Sánchez por chicuelinas, con menos emoción y menos pulcritud. Tomatillo arranca hacia toriles y allí le espera Curro Javier que, sin dudar, le gana la cara y clava un pedazo de par en los terrenos de la querencia. Con el toro ya colocado, deja otro torerísimo par y se desmontera para recoger la ovación del respetable. Sánchez brinda a una joven y empieza tan desconfiado por el derecho que enseguida cambia al izquierdo. El toro no dice ni mú por ahí y la gente dice muchos "ay" cuando vuelve a la mano derecha, porque el toro se acuesta. Se valora que Sánchez abrevie y, tras un pinchazo, cae el tercero de estocada tendida y atravesada.

Con Pastelero, toro más feote, se quiere estirar de Torres con el capote, da una buena verónica y luego el toro no le deja continuar. Recibe mucho en la primera vara sin empujar y, quizá por piedad, le ahorran el castigo en la segunda. En esas, Leo se acuerda de Rocío la alguacililla cuando Iván García se luce en un poderoso primer par de banderillas en los terrenos donde lo hizo minutos antes Curro Javier. El toro llega al último tercio con una lidia impecable de Miguel Ángel Sánchez, lo que anima a su matador a plantarse de nuevo en los medios con la muleta en la zurda y sin probaturas. Inicia y desarrolla así un trasteo vulgar ante la dulce embestida de Pastelero, por las afueras y rematando por arriba en múltiples series. Todo cambia cuando aguanta un parón del toro que sí que era para parar relojes y no las otras cosas que se cantan por ahí, y da dos series de derechazos de verdad y muy despacio. El toro le desarma dos veces y en el tendido entonces nos acordamos de la polémica del afeitado, porque de Torres arroja primero una, y luego otra, ayudas a la arena y ambas caen cruzadas como el logo de Wilkinson, "Free your skin". La faena termina con la constatación de que, idealmente, la diferencia entre una figura y un pobre está en el número de muletazos necesarios para entender a un toro así. De Torres pincha abajo y cae el aviso. Caen también otros seis pinchazos más y otro aviso. Arrecia la bronca cuando agarra el descabello y logra tumbarlo al quinto intento. Leo se apiada de su paisano entre pitos y abucheos.

Román recibe al quinto, Holgazán, y remata con tres medias a tres leguas de distancia. El toro pasa por el caballo entre caídas y protestas. Cae también en el quite de Sánchez y afloran los pañuelos verdes. Durante el desesperante tiempo en que el Presidente Oliver niega la devolución, nos preguntamos si el traje blanco y oro de Román terminará igual de blanco que al salir por la Puerta de Cuadrillas. Con el traje impoluto brinda a uno en el 9 y se empecina en faenar a un toro que se desploma entre serie y serie. Como no hay nada que ver ahí, nos fijamos en la torera postura de de Torres con los brazos apoyados por fuera de las tablas y la cabeza inclinada hacia lo que pudo ser y no fue. Román se sale de la suerte con tanta alevosía como quien tiene que tirar unos cartones en los rebosantes contenedores para reciclar del Madrid de Almeidón. La espada hace guardia y el toro finalmente muere con el primer descabello.

El último, otro de renombre en Adolfo, Aviador, saca obligado a Sánchez hasta la boca de riego, dejando ver sus aviesas intenciones. De esas se entera el picador y le propina una primera vara eterna y en la que caballo y toro giran y giran de manera copernicana. Recibe un segundo puyazo de nuevo fuerte y trasero. Antonio Molina pone un buen primer par de banderillas que no refrenda en el segundo. Ya con la muleta, Sánchez soporta una colada tremenda en el inicio por el izquierdo. Tras ese aviso, el toro lo lanza por los aires hasta dos veces. Aviador es un toro muy duro que mira y remira al matador, quien logra arrancar un buen natural por el izquierdo. Le cambia el pitón y tras la tunda recibida, va rápido a por el estoque. Se lanza y deja una estocada muy trasera a la que el toro responde lanzando al matador de nuevo al aire, que rueda hasta saberse a salvo y quedarse grogui. Se va aupado a la enfermería y descabella de Torres a la primera.

Y así nos fuimos, con la discoteca dominguera de Las Ventas y con el pensamiento de qué es lo que hace que vaya más gente a ver novillos de Gallardo que toros de Adolfo.

lunes, 29 de agosto de 2022

Novena de las Corridas Generales. Miuras con comportamiento de toros, complicados y desiguales para un público que desea Juampedros (¿?).

Con el anuncio de la subida de precios en Las Ventas, uno sube a Vista Alegre y ve, con tristeza, que desconchones, mugre, grietas, derrumbes y restos de botellón sólo se ven en la plaza que cuidan Abellán y Ayuso. Y no comparemos la limpieza de una y otra ciudad que, si se lo contamos a Almeidón, nos manda con su Estado de derecho a luchar en la playa de Crimea. Otra cosa son los asientos de plástico de la galería de la plaza a 37 grados Celsius y con lluvia discontinua, que hacen que añoremos la sencillez de una almohadilla sobre la piedra venteña.

Buceando en el chubasquero para asomar la cabeza, se piensa en que en esta Feria de Bilbao se ha hablado mucho del hombre, tanto de su ausencia en los tendidos, como de su grandeza en Roca Rey, pero no se ha hablado del Toro. No he conocido la Bilbao torista, y lo lamento. Un lugareño me comenta que su mejor recuerdo taurino cuando de pequeño le llevaba su aita a los toros es que se les picaba tres y más veces. Cosa que, de hacerse en la Bilbao ideologizada hoy hasta el desquicie, sería motivo de desorden público y algún taurino saltaría al ruedo a atentar contra el picador.

Entre estas reflexiones empieza la tarde de toros, con un calor mojado que a González Pons le inspiraría una nueva novela, pero que al aficionado le hace sólo cavilar qué le ha llevado a estar ahí sentado un 28 de agosto. Hoy, en el 75° aniversario de la muerte de Manolete (sin minuto de silencio), nos ha traído a la plaza el toro que se llevó al cordobés en Linares: Miura, de Lora del Río, de la A con asas, de la divisa verde y roja. Los toros de la leyenda, que uno se imagina cuando piensa en toros y de los que hasta un chino animalista ha oído hablar. Los seis de hoy, para López Chaves, Manuel Escribano y Fortes, resultan de capas variadas, trapío desigual, duros, complicados, con su reconocible mansedumbre y, en general, descastados.

Sale el primero, Escandaloso, negro bragado y muy chico, barbeando por todo el redondel y amagando el salto, como si lo viera difícil. En tiempos de necesidad de diversificar fuentes de energía, Palomares hace fracking con la puya en el lomo del Miura, que recibe por todos los toros de las Corridas Generales. Esa masacre la acusa el toro en el último tercio, aunque pone antes en apreturas a los banderilleros. En la firme muleta de López Chaves, sale con la cara por las nubes y soltando un pitonazo. Domingo traga y monta una meritoria faena en la que se impone al toro y es recompensada con una justa ovación que saluda desde el tercio.

El negro meano, jirón y axiblanco Pañoleto, es una vaca flaca de Miura que se desploma sobre la arena como los toros loados y premiados de Santiago Domecq de un día antes. Salen los bueyes con el pañuelo verde de Matías, a los que el Miura ignora yéndose derecho a toriles porque por allí ve moverse al mayoral. Las bondades del aplaudido segundo bis, Mágico de La Palmosilla, dejaremos que las canten los revistosos del taurineo. Sólo decir que su lengua es la única que asoma en toda la tarde.

No se deja de salida el colorado tercero y mejor presentado, Taponero. Pelea en varas con alegría y muge tan fuerte por el último par de banderillas que seguro le oyen en los montes de Bilbao que sobresalen por encima de la cubierta de la plaza. Fortes brinda al público y faena tratando de torear bien, pero el Miura, con más casta que el resto, se lo impide revolviéndose en una baldosa al ligar dos pases. Fortes prosigue en su empeño, de buena colocación, pero sin mando. La lucha se resuelve con la victoria de Taponero, que no encuentra una lidia apropiada por parte de su matador.

Con la lluvia y el sol dando una tregua, aparece Relator, un castaño bragado de 646 kilos que no permite que López Chaves se estire con el capote salvo en dos largas cambiadas, ni que se luzca Bernal con el caballo. Tiene la mansedumbre propia de su hierro y desarrolla listeza en el segundo tercio. Se frena, otea el ruedo y persigue a los dos banderilleros. Se desentiende de lo que tiene cerca, fijándose en todo lo demás al salir por lo alto del capote de Rafael González. A solas con el matador, su comportamiento se agria y López Chaves soporta frenazos, miradas, y salidas distraídas. A la tercera, logra matar al toro, que se traga su muerte de pie después de haberse quitado de en medio a toda la cuadrilla y al matador con la primera estocada casi entera dentro.

Al larguísimo quinto, Zalamero, negro bragado listón, Escribano lo recibe con su segunda portagayola, ambas con éxito. Parece Escribano un funcionario de las portagayolas, con una especie de rutina preestablecida hasta para irse a toriles. El toro da una coz al burladero y rompe la lluvia. Por el peto pasa sin pena ni gloria, pero recibe cera de lo lindo. Pese a ello, llega tan entero al segundo tercio que Robles y El Algabeño pasan un martirio con las banderillas, que ponen de una en una, en homenaje a la canción del verano de Quevedo: "Y nos fuimos en una / Empezamo’ a la una". La faena de Escribano discurre entre los topetazos del toro y los speeches de su cuadrilla desde la tablas, soportando a ambos con firmeza y una buena labor. Truena cuando entra a matar perdiendo la muleta y, como un relámpago, el Miura le persigue hasta obligarle a refugiarse apurado en el burladero de cuadrillas. A la segunda, de estocada trasera y caída, y tras dos puntillazos, muere el toro.

El cárdeno y más corto Erizo, último de Miura y de la Feria, recibe de Fortes dos verónicas templadas y de bella ejecución. Sigue lloviendo y acude al caballo al relance, dejándose. Las banderillas caen también de una en una y el toro aprieta hacia dentro al ver a Escribano pasar por detrás. Cuando Fortes coge la muleta se levanta un vendaval que Erizo parece querer parar a fuerza de gañafonazos y rápidas revueltas. Para el matador es imposible siquiera intentarlo y abrevia.

Y así termina una miurada que no muestra la casta esperada, pero que ofrece una tarde de toros con comportamiento de toros y que ha mantenido en todo momento la atención en el ruedo. No obstante, por el enfado del público con la conducta de los toros en varios momentos, uno se va pensando en si lo único que se espera ya del comportamiento del toro como toro, es una movilidad sostenible, obediente y boba. Si no es así, el gran público taurino parece despreciarlo y no lo reconoce como toro. Para ser toro, hay que comportarse como un Juampedro.

martes, 5 de julio de 2022

El encierro de Pamplona

El encierro de Pamplona. Pedro Armestre.


Vienes en una estela de flashes. Aguanto, miro y sigo. Una mota negra. Vuelvo a mirar y sigo. Ya estás aquí. Miro, otra vez, y sigo. En los del Gas te tumbabas ayer y me desvelé en tu fotografía. Tengo la suerte de este instante y tú el sorteo de la tarde. Voy por el centro de la calle y una mano agarra mi brazo izquierdo mientras braceo sostenido por mi derecha. Estamos muchos, pero entre tú y yo no puede caber nadie. Nos une un vacío lleno de violencia, la existencia reducida a esa nada entre un bufido y un alma que corre delante. Todo lo mundano queda expulsado y el futuro con ello. Miro atrás y seguimos corriendo. No te puedo perder ahora que se caen a nuestro lado y levantan del adoquín el olor de la noche. Aprieto los dientes y abro la boca. "¡Vamos, vamos!". El suelo no resbala y la emoción no llega a la tele del bar, aunque es sin casta cuando se pierde esa señal. Abres paso tras de mí y yo a golpes para abrirme paso. Corres deprisa para morir y yo aún más para ser libre, porque en España uno sólo puede ser libre a tu alrededor. Antes de sentir tu testuz, mis piernas se enredan, y al caer te veo pasar como un rayo negro de punta blanca. Más colores, blanco y colorado, más negro y muchas zapatillas. He caído y he vuelto al mundo. Ruedo y ruedo y ruedo hacia la pared y, en el rodar, es el mundo el que gira, desquiciado, y pienso en la circunvolución del globo, en que Elcano giró y volvió para globalizarnos, y en el milagro de que haya seis toros de lidia por las calles de Pamplona en el globalizado siglo veintiuno. Gracias por estos diez segundos de libertad.

sábado, 18 de junio de 2022

José Tomás

José Tomás del 1997

Cuando entra José Tomás, sale el mundo, al menos el del toro, que es España entera. José Tomás lo ocupa todo y lidia con lo que sólo ocupa Dios y el Madrid: la eternidad. De todos los átomos emitidos el día genital del mundo, chocaron y se depositaron en él los de la historia. Así lo ven los tomasistas que, sabiendo de Sánchez Albornoz, dirían que la historia es la hazaña de José Tomás y que José Tomás es la hazaña de la historia. Jenófanes miró la bóveda del cielo y exclamó: "el Todo es Uno".

José Tomás Román Martín, cuatro nombres para sólo uno: José y Tomás, más de costumbre; Román y Martín, de moda entre vástagos de padres que traicionan su filiación conservadora, se proclaman liberales y acaban rumiando felices alfalfa socialdemócrata. ¿Cuántos Romanes y Martines fueron a ver a José Tomás a Jaén? Numerosos Joseses y Tomases habría seguro entre aquellos que fueron a reventar el tema, porque, a decir del tomasismo conspiranoico, hubo zurritontos que pagaron un sueldo por amargar la magnum opus anual del galapagueño. Lo que con certeza unos y otros sufrieron fue la caló, que en Jaén debe ser con lo que se fríen los dos pares de huevos de Linares, descubriendo, a la vez, que no hay nada como una Juampedradita para enfriarse el ánimo en época de un Gobierno que hace de la sauna, factor de gobernabilidad. Así, José Tomás entró, pero la cosa no salió.

"¡Que vuelva José Tomás!"

El español, muy de vueltas, revueltas y acostumbrado a la carioca que le hace el poder, se desvive por sentenciar lo que es este hombre, leyenda o mito, para algunos, pero sin una Pantoja para que llore España tras la guadaña, pues Cantora se vende y Sálvame se hunde. José Tomás es un otoño detenido en San Miguel. Es la huida del tiempo vestido de purísima actualidad y oro, con canas bajo la montera. Como Fausto (el de Goethe, no el de Marlowe), se ve indigno de la vida si no la reconquista a diario, es perseguidor de un destino interminable. Es un cuerpo recorrido por varias sangres y con el alma por fuera sacada a cornadas, tantas, que ya no pesa; vuela, levita, se transfigura. Es el recuerdo hacia el que antes se escapa del tedio de cada tarde venteña, de quien uno primero se acuerda para liberarse del mal que se ve. Es donde se refugia la memoria que migra desde la vulgaridad imperante. Es el bastión de la añoranza frente al destoreo reinante. Contradice a Federico el Grande y es el que actúa sin que sus asuntos dependan en dos terceras partes de la Fortuna, pues lo entrega todo a ella. Es la hamartia griega y el héroe para la catarsis del pueblo español huérfano de héroes, que se compadece de su maldita caída y con el que purga su insignificancia. Debía ser el Antoñete de mi generación y es hoy el torero más famoso, que ha hecho un culto del gato por liebre y que da de comer, con dos tardes al año, a todos los reventas de la piel de toro. Fue la Verdad y resucitó el Toreo en el trienio crepuscular del siglo XX, junto a una tarde del año 8 del XXI. Y ya. Es un hombre que ahora sólo pelea consigo mismo, como cualquier otro. Y es lo que no ha podido ser: un torero para la historia.

Por José Tomás, nos aferramos a Téllez como un clavo ardiendo.

Un toro ha cogido a mi padre

Un toro ha cogido a mi padre. Yo lo he visto por el móvil, sentado en el váter. Justo cuando venía la cogida, el toro y él se han salido del...