domingo, 12 de mayo de 2024

III de San Isidro. Otro Bastonito de casta brava, pero en otros tiempos


Salió un toro de casta brava a eso de las ocho y media de la tarde, y eran las tantas de la madrugada (bueno, quizá no tantas) cuando aún discutía la afición en X si merecía la vuelta al ruedo que D. José María Fernández Egea decidió negarle, igual que un tercer puyazo, no fuera a ser que se pudiera pensar que la empresa se había equivocado al birlarnos esta ganadería durante cinco años. A ese toro, Francisco de Manuel no le arrancó ni una oreja, lo que no le impidió salir a saludar por su cuenta entre palmas de protesta hacia el palco. Un toro bravo, de gran humillación desde el capote de recibo hasta los ayudados por bajo de remate de faena. Bravo en su arrancada hacia el caballo. Bravo en su primer y largo empuje bajo el peto. Bravo en su segunda arrancada tras el buen toreo a caballo de Luis Alberto Parrón. Bravo en duda por su lucha interrumpida con el capote del bregador durante el gran segundo puyazo. Y aún más en duda por la robada tercera entrada al caballo. ¿Acaso no es la bravura el sueño de cada uno de cómo sería esa tercera vara? Una bravura soñada que debió nublar la vergüenza torera de los banderilleros, pasando cuatro veces para clavar cuatro rehiletes. Bravura que igualmente debió calar en el ánimo del matador, extraviado en su torrente y llevándole a buscar la ligazón por encima de la Verdad, para no hundirse. El toro de casta brava era otro Bastonito de Ibán, pero son otros tiempos, sin Rincón, y seguramente peores.

Tiempos que hacían hoy que un hindú y un latino (ay, los imperios) ocuparan las dos localidades detrás nuestra. Entre uno de los toros y otro, se decían: "the only unpredictable thing is the bull". Caía así sobre nuestra espalda la verdad de todo esto, con la voz de un extranjero, en inglés y más nítida que la megafonía que anunciaba el minuto de silencio por el matador Pedro Giraldo. Si esa frase se repartiera con el programa de mano, ¿no serían Las Ventas un lugar mejor? ¿No reverdecería la tauromaquia entre tanta mentira? ¿No es verdad que el toro debe ser más impredecible que de calidad?

Y la verdad también es que los otros cinco toros, cinco Ibanesno sacaron la casta esperada. Como igual de cierto es que delante habrían de haber tenido a las figuras, y quizá no a Calita, Francisco de Manuel y Alarcón, faltos de una esperada y casi obligada voracidad. No ha habido caballos derribados ni hombres volteados, pero sí esa imprevisibilidad del toro de lidia que mantiene el interés en el ruedo.

Cinco Ibanes duros, nobles, quizá en demasía, desiguales, de culata estrecha, astifinos, fijos, alegres hacia el caballo, con peleas dispares, mal picados, salvo el tercero, mal lidiados, a menos durante la lidia, mal matados, e imprevisibles.

El primero pasó de arrancarse como una centella al caballo y, cortando, hacia los banderilleros, a embestir mexicanizado en honor a su matador, para terminar sacando una casta interruptus por el abreviar del espada. Pareció que había más toro del que nos mostraron.

El segundo acudió raudo y peleó bien con el picador las dos veces, por lo que fue masacrado. Aún con más vertiginosidad persiguió ciego, pese a los varios capotes que se le cruzaron, a uno de los banderilleros hasta el burladero. Luego acusó su devoro en varas, soltó pitonazos y continuó en su afán persecutorio con el matador, al que forzó a correr hasta el centro del ruedo al sentir el descabello.

El tercero, con un punto de manso, también fue de largo, pronto y vivo al caballo montado por Juan Francisco Peña quien, en el primer encuentro, le dejó caer la vara con belleza y agarró un puyazo en toda la yema. El matador y el presidente decidieron que no hubiera una tercera vara y el picador se fue entre ovación y protestas. La castita del toro no encontró a nadie delante en el último tercio y se rajó.

El cuarto tenía unas puntas tan finas que no se las veía terminar. Otro que se arrancó y peleó bien ante la cosa equina recibiendo a cambio un obsceno castigo. Se paró en el segundo tercio, y sólo recibió rehiletes del tercero de la cuadrilla. Se esculpió su movilidad todavía más en la muleta, aunque tuvo ímpetu para arrancársela al espada al entrar a matar.

Y el sexto, de nuevo acudió presto a su encuentro con el picador, aunque su pelea fue, en puridad, más con el estribo. Se mantuvo con cierta casta informal durante toda la lidia, esperando sin suerte a alguien que parase, mandase y templase.

No se escuchó ni un vivaspaña durante el minuto de silencio. Otra cosa difícilmente predecible hoy en día.

sábado, 11 de mayo de 2024

II de San Isidro. Gallardo y Román ya son de Madrid


La fortuna, de la que dependen según Maquiavelo el cincuenta por ciento de los asuntos humanos, ha hecho que, como el año pasado, la corrida de los fuenteymbros la presencie Leopolderías sénior, y que salga tan interesante o más que la del 21 de mayo de 2023. Así que, para no tentar más a la suerte, la crónica irá en la misma línea telegráfica.

Por segundo año consecutivo, Gallardo echa una corrida auténtica de toros de Madrid. Por segundo año consecutivo, sin figuras en el cartel. Se confirma que la casta es a los mandamases del toreo lo que la honorabilidad a nuestros mandatarios.

Seis verdaderos toros de lidia parejos, con plaza y leña (arreglada), encastados y arrastrados entre palmas. Un caballo derribado. Un matador, Valadez, dos veces volteado y su hombro, luxado. Se queda en la enfermería.

Fandi mata tres toros, tras ofrecer un Eurovisión (por lo horroroso y desvergonzado de su puesta en escena) con las banderillas y con la muleta en cada uno de ellos. Se confía en que su vigésimoquinto aniversario de alternativa lo celebre en muchas plazas, pero no en Madrid.

Román se consagra como torero de Madrid. Bravo, firme y en su sitio ante sus dos oponentes. Pulcro con su colocación ante el caballo. Generoso y brioso con el trepidante galopar y tejonear del segundo, al que mata de premio para arrancar un orejón (que no orejona, pa'l Madrid, ni Errejón, pa' quien lo quiera). Vigoroso ante el más fiero y complicado quinto. Tarde que se recordará más que los más que probables triunfos de viernes de feria. ¿Si de Julián se cantaba su poderosidad con toros bobos, qué elogiar de lo de Román de hoy, su imperatoriedad con toros encastados?

Gallardo y Román ya son de Madrid.

La fuenteymbrada para los tiesos ya es cita torista. Y mañana Ibán.

viernes, 10 de mayo de 2024

I de San Isidro. ¡Que vuelvan los Lozano!


Empieza San Isidro. Joaquín Vidal lo decía con un "¡A los toros!" en 1997, pero si en 2024 viera el tumulto de juventud arremolinada en el Opencor de la Calle Alcalá, bien podría exclamar un "¡A los cubatas!", un "¡A la escuela!", o un "¡Libertad o comunismo!".

Empieza San Isidro mientras dos tendencias pinzan a la tauromaquia: una, la estandarización del espectáculo y de su público, que bien resume el vídeo promocional de la Feria; y otra, su estatalización, su colonización por el conchabarse de las oligarquías taurina y de partidos, con ministros quitando premios y lideresos autonómicos y fundaciones reponiéndolos. Una voz gritaba hoy en el sexto, "¡Viva la Fiesta Nacional!", aunque de nacional, cada vez menos. "¡Viva la Fiesta estatal!", podría corregir otro.

Empieza San Isidro como nos temíamos. Con lo ya habitual que, no por ello, conviene dejar de exponer. Esto es, la tauromaquia rabiosamente tediosa de un solo tercio y de toros desprovistos de cualquier carácter e interés, prefabricados para la cosa muleteril. Una tauromaquia burocrática, previsible que aplaca hasta el ánimo de protestar. Demasiado silencio hoy. Unas Las Ventas bernabeuizadas.

Empieza San Isidro con la vuelta de seis lozanos variopintos y accidentados por la testuz, los genitales y las bragas. Largos muchos y como un zapato algún otro. Abantos de salida, mansos, aflojados y descastados, quasi-monolíticos, salvo Afectuoso y Amoroso que sacan en la muleta, sin llegar a Licenciado, esas embestidas atosigantemente cariñosas, tan esperadas por los matadores y tan cacareadas por los revistosos. Para la afición, la incredulidad de que no se atisban rastros de serrucho.

Empieza San Isidro con seis primeros y segundos tercios rotundamente olvidables repletos de ausencias capoteras, picotacitos, de coces, de huidas a la querencia, de sonido de estribos, de pasadas en falso, de palos de uno en uno, y pares, tríos, cuartetos, quincenas, millares de unidades de tedio. Seis dos primeros de tercios de suertes degradadas, salvo la brega de Curro Javier y los dos pares de Ferreira. Ah, y la caída de cabeza de Aurelio Cruz bajo el caballo.

Empieza San Isidro con un confirmante, García Pulido, cuya actuación y formas neo- se reflejan en su traje de torear, inmaculado al despedirse salvo una ligera mancha en la taleguilla. Pide sin éxito en sus dos toros el cambio de tercio cuando no habían recibido dos puyazos. Está por pulir (¿?).

Empieza San Isidro con un Morante y un Rompeolas sosísimo con el que el diestro consigue mantener la atención, que no es baladí. Entre el descoloque y ese silencio sevillano adoptado, el de La Puebla nos regala un trincherazo y dos naturales preciosos. Tras una decena de amagos de entrar a matar, suenan dos avisos y descabella al toro. Rocío, la alguacilla, lo sanciona. De su segundo diremos que salió con el estoque.

Empieza San Isidro con verónicas jaleadas por el viernes (o más bien, la viernes, esa masa que puebla la plaza en los días que actúa Roca Rey), pero rectificadas por el cuerpo de Urdiales, quien decepciona en su primero. Desajustado, acelerado, vulgar y sin aprovechar las primeras arrancadas largas de cada serie y su boba repetición. Quizá se debe despojar de su foulard de inspiración y volver a transpirar con el Toro. Ejecuta canónicamente la suerte suprema dejando una estocada entera y tendida. En su segundo, que haría quinto, explota, ¡pum!, la tarde en petardo y el aficionado J. recuerda cómo se trajinaba un puro El Pana en el callejón de Vistalegre y cómo lo tuvo que apagar tras una voz del tendido que subrayó la injusticia de que el matador pudiera estar fumando y el aficionado no. 

Empieza San Isidro con ese público del vídeo promocional que se pone en pie por unas bernadinas nuestras de cada día (estandarización del espectáculo y el público), y con una afición perpleja y convencida de que tras la pancarta exhibida en el 7, "Urtasun, nos vas a comer los huevos por detrás", hay injerencia externa y malas intenciones (su estatalización).

Empezaba San Isidro y aplaudía el viernes a un manso muriendo en tablas.

¡Que vuelvan los Lozano!

lunes, 6 de mayo de 2024

La tauromaquia estúpida


En vísperas de un nuevo San Isidro sin El Juli y sin Premio Nacional de Tauromaquia, pero con Premios Autonómicos ya anunciados (iniciativa compartida por Page y Ayuso, ¡la autonomización de los toros, su principio dispositivo! ¡Los toros del consenso! ¡Premios para todos!), la situación política que vive España empuja a refugiarse en Dalmacio Negro y redescubrir uno de sus artículos de 1999 titulado "La época estúpida". Abreviando, en él, Negro ilustra cómo en la Europa de fin de siglo XX predominaba la estupidez, por lo que lo característico de la época no era tanto la decadencia como la estupefacción. Hoy, tras 25 años de estupor, todo ha languidecido como si nada y la estolidez sigue intacta en el espíritu europeo.

Bien, pues como quiera que ese espíritu se insufla desde el Diario Oficial de la Unión Europea y los aparatajes estatales socialdemócratas garantizan que penetre hasta en el más diminuto poro de la vida nacional, el espíritu estúpido desplaza al alma que, en España, mal que pese, sigue desbordándose desde una plaza de toros. Así queda España estupefacta, indefensa frente al Estado, y la Fiesta se torna estólida, falta de razón y discurso.

La tauromaquia atraviesa una época estúpida. Díganme si, por ejemplo, no es estúpido y causa estupor que las oligarquías taurina y de partidos se subleven ante la eliminación del Premio Nacional de Tauromaquia por un ramalazo de pedigrí del ministro Urtasun, pero se apoquen ante el incumplimiento del Reglamento, ante el afeitado de pitones, ante la desaparición de encastes, ante el quasi-monopolio de toros-bobos, o ante el deterioro de Las Ventas como Bien de Interés Cultural. Todo es estúpido y parece malintencionado, porque, ¿qué merece ser premiado cuando apenas hay integridad? Cuanto más lejos estén de los toros los patócratas europeos, estatales y autonómicos, mejor. O díganme si no es estúpido que la tauromaquia, a través de su oligarquía de figuras de pitiminí,  ganaderos de bobo, plumillas de sobre y empresarios de salón, vincule su supervivencia a un ordenamiento jurídico engendrado por el consenso y la voluntad de un Estado traidor que se tambalea.

Desde el punto de vista moral, además, esta tauromaquia estúpida parece cínica, porque todo da igual o acaba siendo igual. Todo se hace banal, trivial. Seguía Negro en su artículo: "a la religión le falta fe, a la moral veracidad, a la vida vitalidad"... y a la tauromaquia verdad. La mentira es la primera fuerza que mueve al mundo del toro, se podría añadir a lo de Revel. Se desprecia la emoción de lo verdadero y se celebra la cursilería de lo simulado. En cada corrida se pontifica la mentira a través del aplauso a todo lo que ejecuta un torero sin parar, mandar, templar y cargar la suerte con un medio-toro que ya está parado, templado, podido y embobado. Y los aplausos son muchos, pues durante la pandemia las palmas del español adquirieron tal inercia que con el mismo ímpetu que se aplaudía a los sanitarios desde su balcón a las ocho de la tarde, se aplaude ahora a todo lo que acontece en el ruedo, ya sea puntualmente al acabar una serie con un martinete y el de pecho, a los bueyes de Florito, a que los monos levanten el caballo derribado o a que Roca "pajaree" sin cesar entre pases "del culito" y encaramientos con el 7. En las escuelas, los novilleros aprenden a ser eficaces en dar por verdad la mentira. Gato por liebre. Antes, los novilleros se asemejaban al Vinicius bisoño y errático, y ahora no salen del canterano funcionaril y cumplidor. Los novilleros ya no están en novilleros, sino en el Ponce de Enrique y Ana, con la edad de Soria, sin el tinte de Ponce.

En la tauromaquia estúpida no sólo el matador se alivia. Todo se aligera y se descarga. Para alcanzar el triunfo, pesa más lo divertido que lo emocionante. Y para ello, se necesita un bóvido bobo, lo más parecido a un niño al que, jugando a hacer de toro, se le dice cómo tiene que embestir hasta lograr que sea la bestia la que tenga miedo al torero. No se torea al animal, sino que se le vocea, y la maestría se mide por la habilidad del matador de llevar al toro blandengue sin que se caiga. Una tauromaquia ruidosamente sostenible que propicia triunfos derrotados por el olvido. Nadie se acuerda de un solo lance de la mayoría de últimas Puertas Grandes, mientras muchas ilusiones viven aún en el recuerdo que dejó a Navalón un pablorromero manso en Pamplona. A esta falta de memoria contribuye el consumo de alcohol, elemento clave para la diversión y las cuentas del empresario, quien lo promueve hasta hacer de Las Ventas el Kapital del toreo. Así, si en la algarera plaza de Tetuán de las Victorias el paseíllo se daba envuelto en el humo del aceite de las fritangas, en la moderada plaza de Madrid de hoy, los actuantes comparecen en loor de gintonics. Se impone la tiranía del hombre-pegado-a-un-gintonic sobre el toro, que bien se manifiesta cada vez que se permite abandonar el ruedo durante la lidia para liberar plácidamente la orina etílica. 

La tauromaquia estúpida está de moda y la Fundación Toro de Lidia (por alimentar lo "underground español"), Roberto Gómez (por ir de gañote) o Luismi el Chatarrero (por conservar su legendario donjuanismo) lo celebran, aunque Leopardi advirtiera que la moda es la hermana pequeña de la muerte. Todo es apariencia, imagen. La tauromaquia está pasando de ser el arte de lidiar los toros al arte de postearlos. Da igual lo que se realice y cómo en el ruedo, pues ya vendrá una pluma cursi a decir que se rompieron relojes o que el Etna volvió a entrar en erupción cuando tal figura dio nosequé pase. Es más importante lo que se cuenta por la (a)crítica que lo que realmente acontece. Y tiene aún más influencia lo que se comparta por el móvil. La sobreexposición mediática de la tauromaquia produce un superávit de opiniones que, como la nieve, lo iguala todo. El valor de una faena ya no está en sí misma, sino en su repercusión telecomunicada. Y cuando todo se iguala, todo vale nada. Hay hoy toreros de culto viral que decepcionan en el ruedo, exactamente como cuando uno lleva meses ilusionado con su crush a base de conversas a través de una app, viviendo en sus posts y reels y todo se desvanece al encontrarse en persona por primera vez. No estaría de más un Bumble taurino, donde los matadores, a través de vídeos y fotografías, sedujeran a posibles fans, quedando ligados por un flechazo virtual. ¿Cuánto quedará para poder votar y decidir desde el sofá, la tumbona o La Moncloa si se debe conceder o no un apéndice?

Ahora, es también la tauromaquia estúpida aquella en la que resiste una afición que, como el navegante del filósofo Neurath, rehace el barco en alta mar, con la ilusión de conservar el rito original. Recogía Sloterdijk que se había caracterizado alguna vez a las civilizaciones como el resultado de una lucha permanente entre el recuerdo y el olvido. Lucha ésta en la que está la tauromaquia, con una afición que trabaja porque el arrecife de la tradición del Toro fiero, íntegro y que infunde temor no sea anegado por el mar del olvido. En un nuevo San Isidro, el aficionado espera cada tarde el milagro de ver Torear y no tener que bajar él, a pesar de que muchos se lo pidan con malicia.

Entre tanta estupidez y estupor, al menos queda la certeza de que en Las Ventas la corrida muere cuando la tarde cae como una sombra sobre el reloj del tejado de la plaza, para que la ilusión se renueve.

domingo, 24 de marzo de 2024

Con Cuadri, ahí y de vuelta


Con un "ahí y de vuelta" abría Tolkien la mitología que Britania no tenía. Algo parecido podíamos decir hoy los mitólogos del Toro, en general, y del Toro de Cuadri, en particular, en la primera corrida de la primera temporada venteña D.j. ("Después de juli", con el adverbio en mayúscula, que es lo relevante): estábamos ahí y de vuelta.

Es pronto para conocer lo que deparará esta época D.j. en la cosa de los toros, pero, de primeras, procesionan seis Cuadris (y un Saltillo) en Madrid el Domingo de Ramos ante dos tercios de una plaza llena de ilusión y fervor.

Así, ahí estábamos y de vuelta a la llamada de Cuadri. Y, también de vuelta, nos iríamos un tanto decepcionados, pero con la certeza de que ahí estaremos, de vuelta, porque el aficionado es un iluso que reincide en su decepción. Esto es, utilizando la terminología woke, ¿hay algo más resiliente que el aficionado venteño?

Y es que de los Cuadris, tres en Cuadri y tres en Cuadrito. Íntegros sus pitones, todos serios, poco fieros, algunos duros y otros blandos, de algunos vemos la lengua y, en general, mal lidiados y peor picados. Cero caballos derribados. Cero burladeros rotos. Un capote rajado. Exiguo resultado para los mitólogos.

Lo propio en Ferrera es lo propio de nuestra era: una pugna entre lo pesado y lo ligero, que diría Lipovetsky. Como prueba, su ligerísimo capote de fantasía azulona (M.A.R. todavía no ha visto la ocasión de bordar el logo del PP de Ayuso en él), que es, a la vez, tan oportunamente pesado como para llevarse los 559 kilos de Bombardero, el quinto, y evitar la desgracia sobre Magaña. A Sombrilla, el primero, que arranca con todo en en varas, Otero y Sánchez banderillean con elitismo y salen torerísimamente andando del encuentro. Ferrera, ya solo y desconfiado por el izquierdo, le grita "¡Bonito!", a lo que el toro responde con un derrote que alcanza la muñeca del matador. Derrotado, pero sin entregarse, va perdiendo Ferrera la batalla contra la castita de Sombrilla, y aún saca un cambio de mano entre lo ligero y lo pesado. Al final, saca la lengua el Cuadri y el matador metisaca la espada, para luego hacer guardia, ejecutar seis descabellos y recibir un aviso.

Chacón se exhibe inseguro ante los 638 kilos de Pasajero, lo que le lleva a ser masacrado en varas. El toro se queda blandengue, pero parte un capote y resuena como si se rajara la sierra de Guadarrama. El matador continúa inseguro frente al medio-toro mirón y tardo, y elige los terrenos más cerrados, lo que no ayuda a la cosa. Descabella a la segunda tras una estocada baja, atravesada y perpendicular.

Aparece Taconero, un Cuadrito. Gómez del Pilar se estira con el capote una vez y no más, pues el toro lo obliga a salirse hacia fuera mientras salta buscando rebanarle la sesera. El matador innova llevando a su picador más allá del burladero del 7 y, en esas, pierde la cara al toro, quien decide que eso del I+D+i no va consigo y se va hacia él como un Hyperloop para acabar bajo la puya. Luego acude con bravura y desde lo largo a un segundo encuentro en el que recibe lo habitual: un castigo trasero. La faena empieza por bajo sin alargar el viaje del animal. Luego todo sucede por las afueras, la vulgaridad y la cara alta. Una vez que el toro saca la lengua, tras muchos pases, Gómez del Pilar se decide a atacar al toro y consigue algún derechazo estimable. Cae el toro en el primer descabello y tras tres entradas a matar dejando una espada muy tendida y trasera.

Sobre los 670 kilos de la negrura más negra de Bagonero, el azul del capote de Ferrera es del azul más azul posible. Sobre esa negrura honda, larga y alta caen mal los puyazos. Sánchez y Murillo levantan la tarde y a la plaza con dos pares de gran emoción. El toro muestra cierta casta y enseña que su idea es ir más hacia dentro que hacia fuera. Ferrera lo entiende pronto, pero a veces, dentro de su ligereza pesada. Aprovecha ese viaje al interior en dos derechazos muy buenos, por bajo y relajado que refrenda luego en un excepcional natural. Faena así, de retazos sueltos que llegan a pesar en la memoria entre una bruma de pases ligeros. En todo momento, impresiona ver la insignificancia del cuerpo del matador frente a la inmensidad del cuerpo del toro. Mata de estocada caída que hace rodar al toro. Gracias a la parsimonia de los benhures de Simón, el Presidente concede la primera orejita del año.

Con Bombardero, difícilmente reconocible como Cuadri y hasta como Cuadrito, Chacón está inseguro como en su primero. Destacar el buen primer puyazo de El Bala y que, desde la andanada del 7, una cuartilla del programa de mano cae en ligero vaivén sobre la noche pesada de cabezas, y se piensa en que la tarde se ha ido en cada último suspiro de cada toro y que hace unos 1.991 años el Hombre entraba triunfal en Jerusalén.

Los 612 kilos del sexto, Cafetero, caen también, pero sobre la arena, y la gente pide al Saltillo (al que no pude ver).

sábado, 18 de noviembre de 2023

La PSOE-State-of-mind, una religión contra España

Hoy hay tres Españas. Una, la histórica que, por despertar en Ferraz, está siendo apaleada, despreciada y ridiculizada por el régimen estatal; dos, la mansa que, adormecida por los deejays de Feijóo y la cancioncita de los Fernández, "que son muy amables", se regocija en el aplauso al maderamen, al sanitario, a la Constitución y a la Unión Europea; y, tres, la hegemónica y oficial de la PSOE.

La España de la PSOE es, como diría Cavia, continente y contenido, es Estado y es Nación: es lo que el uno dicta que debe ser la otra. Como vociferó la periodista Méndez a las puertas de la Cámara Baja y confirmó entre interferencias intelectuales Simón, el politikon: "la Constitución es la nación. ¡Qué va a ser la nación si no es la Constitución!". Olé nuestros politólogos, genuinamente dotados para mofarse de Tucker Carlson. Un alarde de experta ignorancia que, sin embargo, muestra la realidad: la España de la PSOE es la fabricada por la Constitución, por el Estado. Es una España estatal y estatalizadora. Es la creación definitiva del Estado social y democrático de Derecho, del reconocimiento de la autonomía a las nacionalidades y regiones, de los ya 45 años de democracia-que-nos-dimos-entre-todos, y, en definitiva, del Régimen del 78. Es la España psoecialísticamente o setentayochísticamente correcta.

La España de la PSOE es así un engendro fruto de la integración de las gentes en el Estado por la religación a través de una fe, la PSOE-State-of-mind, que es la principal religión secular de España. Si Whitehead decía que la religión es lo que el hombre hace con su soledad, la religión psoecialista le dice al españolito qué hacer con su soledad. Integra toda la vida en ella, cala hasta lo más íntimo en sus fieles, les dice todo, les exige todo. De esto te tienes que reír, de esto no, o bueno, sí, pero sin exagerar; esto es lo que has de aplaudir, abuchea esto, tolera esto otro, por supuesto, ésto desprécialo; ve a ver esta película, suscríbete a este influencer, esto es cultura y esto no; ríete con Broncano, aprende con Manuel Vicent, desayuna con Angels, y acuéstate con Wyoming y sus chicas; vive como te digo y serás feliz en esta tierra. Un hombre nuevo hecho por y para el Estado, cuya salvación es aquí y ahora en modo de paguita y carguito, para él y para sus hijos.

El dogma con el que la PSOE-State-of-mind religa a todos sus fieles es una idea de progreso. Esta es, como vio el sabio Ratzinger, el progreso entendido como verdad. La verdad (= progreso) sólo la tienen los psoecialistas, y todas las demás verdades han de ser apartadas al rincón de la intolerancia y de lo antiestatal y, por tanto, antidemocrático. No deben tolerarse ideas antiprogresistas, la historia se comprende linealmente como progreso y no se han de dar pasos atrás. Sólo hay una salida: escapar abandonando lo que se considera rancio, podrido, o atrasado. En esta huida o caída, afina Sloterdijk, hacia adelante, la única certeza es que el progresismo, la religión psoecialista, debe ser impuesto a los que no lo comparten. Certidumbre que también proporciona a los fieles un aura de impunidad. Por ello, y en nombre del progreso, sólo un psoecialista puede presumir sin consecuencias de haber robado, puede jactarse de decisiones que empeoran la vida de los españoles, puede prometer algo y ser aclamado por hacer lo contrario, y es el único espécimen que puede expresarse en libertad en España.

Un dogma progresista, el psoecialista, que, además, se construye a partir del exterior. Fuera de las fronteras de la PSOE-nación encontramos una vanguardia cultural de globalismo, agendismo2030, wokismo, transhumanismo, interculturalismo, o paganismo, entre otros estupidismos (Flaubert). La PSOE husmea en ese exterior harinoso de ismos e ismas y hace de él un churro que sumerge en un café para todos y todas nosotres. La religión psoecialista absorbe todo lo considerado a la vanguardia de la moda por el extranjero y lo lleva a la vanguardia de la vanguardia, lo hace política pública, lo convierte en presupuestos generales, en dinero de todos y de nadie, en fachadas energéticamente eficientes, en cine subvencionado o en heredera al trono del Reino de España. Son traedores (¿traidores?) de tendencias foráneas: cool-hunters (¿Biden?). Todo lo bueno está fuera. Todo lo español se ha de sustituir por lo extranjero psoecializado. El coche por la bici; el hogar por el co-living; la carne por el escarabajo marroquí; la tauromaquia por la zoofilia; el matrimonio por la unión; la familia por El País; o los niños por las mascotas. La rosa en el puño del símbolo de la PSOE no es otra cosa sino la naturalidad arrancada de España. Para la PSOE-State-of-mind todo lo de España es intercambiable, nada es imprescindible, esencial, salvo la Guerra Civil. Su memoria guerracivilesca es democrática y lo único que España ha de conservar.

Por último, como toda religión, la psoecialista se basa en la adoración a un ídolo. Y ese ídolo, su Mesías, es Zapatero. Sánchez es sólo el último apóstol. Para comprobarlo, no hay más que preguntar a cualquier alto o altísimo cargo de la PSOE en la administración estatal y observar la baba caída sobre su iPhone estatal tras las alabanzas vertidas en torno a su querido José Luis. Zapatero, subido a los trenes del 11-M, trajo el matrimonio gay, la muerte digna de Pajín, la Memoria Histórica, el plurilingüismo y la exhumación de Franco. Ejecutó la religación definitiva entre psoecialistas y Estado que el tirano de Ferraz hoy continúa. Zapatero es la PSOE-State-of-mind lo que Guardiola al culé.

Con la religión PSOE-State-of-mind, el Estado, el Régimen del 78, pretende eliminar toda otra vida nacional existente en el territorio. Sólo cabe la España de la PSOE y cualquier otra que gustosamente se someta a su hegemonía (como la mansa de Feijóo y los Fernández), pero la Nación histórica ha despertado y debe entender que se enfrenta, de nuevo, a una religión.

«Mientras más vengo a La Maestranza menos me gusta Las Ventas»*

*Artículo publicado en el N° 65 de «La Voz de la Afición»: https://eltoro.org/boletin-65-la-voz-de-la-aficion-de-junio-2026/  «M...