lunes, 3 de octubre de 2022

II de la Feria de Otoño. Adolfos duramente sólidos, sin figuras de alhelí enfrente y ante menos público que los novillos de Gallardo.

Tras más de lo mismo de la FuenteYmbrada del día anterior, y en este veranillo de San Miguel de los cuernos de un tal Onieva a la hija del Marqués de Griñón y la Preysler, íbamos a la plaza pensando en si veríamos unos Adolfos "líquidos", de los de la casta diluida, rebajada, como ese invento diabólico de la ginebra sin alcohol. Un pensamiento que, al sentarnos en el tendido, se vería desokupado por las cuentas de si habría más o menos gente que en la novillada de ayer. Era patente que faltaba mucho abonado y el Twitter de la empresa confirmaría que, ayer, 13.105, y hoy, 11.921. El experimento Nautalio de los precios de las entradas lograba que fuera más gente a ver a los novillos de Gallardo que a los serios Adolfos. ¿Será que no se conoce ya más toro que un FuenteYmbro?

Volviendo a lo de los cuernos, los seis Adolfos de hoy han salido sólidamente complicados, que viene siendo lo esperado de un toro de lidia. De ellos, tres han sido como de un blandibú difícil de amasar, otro "enclasao" que diría el ya silenciado Emilio Muñoz, y otros dos muy duros y complicados. También, en general, recibieron una lidia como de capea del divorcio, y pasaron por el caballo como el que pasa obligado por los tornos del metro. Eso sí, celebramos que hoy no hemos visto asomar la lengua de ningún toro y nos apenamos porque enfrente no hayan tenido a las figuras o a toreros de esos que se dicen poderosos, como Julián de San Blas.

Sale el primero, de ilustre nombre en la casa, Sevillanito, y blandea. Sale también del primer puyazo con un aterrizaje y del segundo lo salva el capote del hábil Iván García. Tras los rehiletes, confirma de Torres, de 31 años y con 10 de alternativa, y se va a los medios. Sin probaturas (¿qué es eso de hacer las cosas para el toro?), el cárdeno le trastabilla y le desarma. El aficionado Leopoldo descubre ahí que el matador es linarense, como él, mientras el toro se le queda debajo al tercer muletazo de cada serie. Sucede esta escena tantas veces, que parece que baile con el toro, amarrado a él como el tal Onieva a sus escarceos amorosos. Dudamos si es el animal el que se para o si es el matador que no tira de él. Tras un dechado de disposición y una meritoria última tanda, lo mata de estocada pescuecera.

El segundo y guapo de ovación, Verduras, se asoma de un salto por el hueco del burladero del 9. Sin empujar en el primer puyazo y tropezándose al salir, desarma a Román al dejarle listo para el segundo encuentro, que se resuelve sin ser picado. La lidia es una capea, las banderillas fugaces y brinda el torero. El toro se queda corto y Román empieza firme, queriendo mandar, un deseo que, como el de todo español de bien, se ve truncado por la realidad. Se tiene la sensación de que el toro le está ganando la pelea, pero el matador se ha ganado al público tragando algún parón. Ejecuta un metisaca y luego una estocada entera y contraria. Suena un aviso y descabella a la primera.

Barbea el tercero, Tomatillo, por toriles, sigue por el 3 y el 4, hasta que se encuentra con Ángel Sánchez y salen juntos a los medios. Toma dos puyazos en corto y dejándose dar. De Torres se echa el capote a la espalda y cruzado, cargando la suerte y sin enmendarse, ejecuta un emocionante y limpio quite por gaoneras. Responde Sánchez por chicuelinas, con menos emoción y menos pulcritud. Tomatillo arranca hacia toriles y allí le espera Curro Javier que, sin dudar, le gana la cara y clava un pedazo de par en los terrenos de la querencia. Con el toro ya colocado, deja otro torerísimo par y se desmontera para recoger la ovación del respetable. Sánchez brinda a una joven y empieza tan desconfiado por el derecho que enseguida cambia al izquierdo. El toro no dice ni mú por ahí y la gente dice muchos "ay" cuando vuelve a la mano derecha, porque el toro se acuesta. Se valora que Sánchez abrevie y, tras un pinchazo, cae el tercero de estocada tendida y atravesada.

Con Pastelero, toro más feote, se quiere estirar de Torres con el capote, da una buena verónica y luego el toro no le deja continuar. Recibe mucho en la primera vara sin empujar y, quizá por piedad, le ahorran el castigo en la segunda. En esas, Leo se acuerda de Rocío la alguacililla cuando Iván García se luce en un poderoso primer par de banderillas en los terrenos donde lo hizo minutos antes Curro Javier. El toro llega al último tercio con una lidia impecable de Miguel Ángel Sánchez, lo que anima a su matador a plantarse de nuevo en los medios con la muleta en la zurda y sin probaturas. Inicia y desarrolla así un trasteo vulgar ante la dulce embestida de Pastelero, por las afueras y rematando por arriba en múltiples series. Todo cambia cuando aguanta un parón del toro que sí que era para parar relojes y no las otras cosas que se cantan por ahí, y da dos series de derechazos de verdad y muy despacio. El toro le desarma dos veces y en el tendido entonces nos acordamos de la polémica del afeitado, porque de Torres arroja primero una, y luego otra, ayudas a la arena y ambas caen cruzadas como el logo de Wilkinson, "Free your skin". La faena termina con la constatación de que, idealmente, la diferencia entre una figura y un pobre está en el número de muletazos necesarios para entender a un toro así. De Torres pincha abajo y cae el aviso. Caen también otros seis pinchazos más y otro aviso. Arrecia la bronca cuando agarra el descabello y logra tumbarlo al quinto intento. Leo se apiada de su paisano entre pitos y abucheos.

Román recibe al quinto, Holgazán, y remata con tres medias a tres leguas de distancia. El toro pasa por el caballo entre caídas y protestas. Cae también en el quite de Sánchez y afloran los pañuelos verdes. Durante el desesperante tiempo en que el Presidente Oliver niega la devolución, nos preguntamos si el traje blanco y oro de Román terminará igual de blanco que al salir por la Puerta de Cuadrillas. Con el traje impoluto brinda a uno en el 9 y se empecina en faenar a un toro que se desploma entre serie y serie. Como no hay nada que ver ahí, nos fijamos en la torera postura de de Torres con los brazos apoyados por fuera de las tablas y la cabeza inclinada hacia lo que pudo ser y no fue. Román se sale de la suerte con tanta alevosía como quien tiene que tirar unos cartones en los rebosantes contenedores para reciclar del Madrid de Almeidón. La espada hace guardia y el toro finalmente muere con el primer descabello.

El último, otro de renombre en Adolfo, Aviador, saca obligado a Sánchez hasta la boca de riego, dejando ver sus aviesas intenciones. De esas se entera el picador y le propina una primera vara eterna y en la que caballo y toro giran y giran de manera copernicana. Recibe un segundo puyazo de nuevo fuerte y trasero. Antonio Molina pone un buen primer par de banderillas que no refrenda en el segundo. Ya con la muleta, Sánchez soporta una colada tremenda en el inicio por el izquierdo. Tras ese aviso, el toro lo lanza por los aires hasta dos veces. Aviador es un toro muy duro que mira y remira al matador, quien logra arrancar un buen natural por el izquierdo. Le cambia el pitón y tras la tunda recibida, va rápido a por el estoque. Se lanza y deja una estocada muy trasera a la que el toro responde lanzando al matador de nuevo al aire, que rueda hasta saberse a salvo y quedarse grogui. Se va aupado a la enfermería y descabella de Torres a la primera.

Y así nos fuimos, con la discoteca dominguera de Las Ventas y con el pensamiento de qué es lo que hace que vaya más gente a ver novillos de Gallardo que toros de Adolfo.

lunes, 29 de agosto de 2022

Novena de las Corridas Generales. Miuras con comportamiento de toros, complicados y desiguales para un público que desea Juampedros (¿?).

Con el anuncio de la subida de precios en Las Ventas, uno sube a Vista Alegre y ve, con tristeza, que desconchones, mugre, grietas, derrumbes y restos de botellón sólo se ven en la plaza que cuidan Abellán y Ayuso. Y no comparemos la limpieza de una y otra ciudad que, si se lo contamos a Almeidón, nos manda con su Estado de derecho a luchar en la playa de Crimea. Otra cosa son los asientos de plástico de la galería de la plaza a 37 grados Celsius y con lluvia discontinua, que hacen que añoremos la sencillez de una almohadilla sobre la piedra venteña.

Buceando en el chubasquero para asomar la cabeza, se piensa en que en esta Feria de Bilbao se ha hablado mucho del hombre, tanto de su ausencia en los tendidos, como de su grandeza en Roca Rey, pero no se ha hablado del Toro. No he conocido la Bilbao torista, y lo lamento. Un lugareño me comenta que su mejor recuerdo taurino cuando de pequeño le llevaba su aita a los toros es que se les picaba tres y más veces. Cosa que, de hacerse en la Bilbao ideologizada hoy hasta el desquicie, sería motivo de desorden público y algún taurino saltaría al ruedo a atentar contra el picador.

Entre estas reflexiones empieza la tarde de toros, con un calor mojado que a González Pons le inspiraría una nueva novela, pero que al aficionado le hace sólo cavilar qué le ha llevado a estar ahí sentado un 28 de agosto. Hoy, en el 75° aniversario de la muerte de Manolete (sin minuto de silencio), nos ha traído a la plaza el toro que se llevó al cordobés en Linares: Miura, de Lora del Río, de la A con asas, de la divisa verde y roja. Los toros de la leyenda, que uno se imagina cuando piensa en toros y de los que hasta un chino animalista ha oído hablar. Los seis de hoy, para López Chaves, Manuel Escribano y Fortes, resultan de capas variadas, trapío desigual, duros, complicados, con su reconocible mansedumbre y, en general, descastados.

Sale el primero, Escandaloso, negro bragado y muy chico, barbeando por todo el redondel y amagando el salto, como si lo viera difícil. En tiempos de necesidad de diversificar fuentes de energía, Palomares hace fracking con la puya en el lomo del Miura, que recibe por todos los toros de las Corridas Generales. Esa masacre la acusa el toro en el último tercio, aunque pone antes en apreturas a los banderilleros. En la firme muleta de López Chaves, sale con la cara por las nubes y soltando un pitonazo. Domingo traga y monta una meritoria faena en la que se impone al toro y es recompensada con una justa ovación que saluda desde el tercio.

El negro meano, jirón y axiblanco Pañoleto, es una vaca flaca de Miura que se desploma sobre la arena como los toros loados y premiados de Santiago Domecq de un día antes. Salen los bueyes con el pañuelo verde de Matías, a los que el Miura ignora yéndose derecho a toriles porque por allí ve moverse al mayoral. Las bondades del aplaudido segundo bis, Mágico de La Palmosilla, dejaremos que las canten los revistosos del taurineo. Sólo decir que su lengua es la única que asoma en toda la tarde.

No se deja de salida el colorado tercero y mejor presentado, Taponero. Pelea en varas con alegría y muge tan fuerte por el último par de banderillas que seguro le oyen en los montes de Bilbao que sobresalen por encima de la cubierta de la plaza. Fortes brinda al público y faena tratando de torear bien, pero el Miura, con más casta que el resto, se lo impide revolviéndose en una baldosa al ligar dos pases. Fortes prosigue en su empeño, de buena colocación, pero sin mando. La lucha se resuelve con la victoria de Taponero, que no encuentra una lidia apropiada por parte de su matador.

Con la lluvia y el sol dando una tregua, aparece Relator, un castaño bragado de 646 kilos que no permite que López Chaves se estire con el capote salvo en dos largas cambiadas, ni que se luzca Bernal con el caballo. Tiene la mansedumbre propia de su hierro y desarrolla listeza en el segundo tercio. Se frena, otea el ruedo y persigue a los dos banderilleros. Se desentiende de lo que tiene cerca, fijándose en todo lo demás al salir por lo alto del capote de Rafael González. A solas con el matador, su comportamiento se agria y López Chaves soporta frenazos, miradas, y salidas distraídas. A la tercera, logra matar al toro, que se traga su muerte de pie después de haberse quitado de en medio a toda la cuadrilla y al matador con la primera estocada casi entera dentro.

Al larguísimo quinto, Zalamero, negro bragado listón, Escribano lo recibe con su segunda portagayola, ambas con éxito. Parece Escribano un funcionario de las portagayolas, con una especie de rutina preestablecida hasta para irse a toriles. El toro da una coz al burladero y rompe la lluvia. Por el peto pasa sin pena ni gloria, pero recibe cera de lo lindo. Pese a ello, llega tan entero al segundo tercio que Robles y El Algabeño pasan un martirio con las banderillas, que ponen de una en una, en homenaje a la canción del verano de Quevedo: "Y nos fuimos en una / Empezamo’ a la una". La faena de Escribano discurre entre los topetazos del toro y los speeches de su cuadrilla desde la tablas, soportando a ambos con firmeza y una buena labor. Truena cuando entra a matar perdiendo la muleta y, como un relámpago, el Miura le persigue hasta obligarle a refugiarse apurado en el burladero de cuadrillas. A la segunda, de estocada trasera y caída, y tras dos puntillazos, muere el toro.

El cárdeno y más corto Erizo, último de Miura y de la Feria, recibe de Fortes dos verónicas templadas y de bella ejecución. Sigue lloviendo y acude al caballo al relance, dejándose. Las banderillas caen también de una en una y el toro aprieta hacia dentro al ver a Escribano pasar por detrás. Cuando Fortes coge la muleta se levanta un vendaval que Erizo parece querer parar a fuerza de gañafonazos y rápidas revueltas. Para el matador es imposible siquiera intentarlo y abrevia.

Y así termina una miurada que no muestra la casta esperada, pero que ofrece una tarde de toros con comportamiento de toros y que ha mantenido en todo momento la atención en el ruedo. No obstante, por el enfado del público con la conducta de los toros en varios momentos, uno se va pensando en si lo único que se espera ya del comportamiento del toro como toro, es una movilidad sostenible, obediente y boba. Si no es así, el gran público taurino parece despreciarlo y no lo reconoce como toro. Para ser toro, hay que comportarse como un Juampedro.

martes, 5 de julio de 2022

El encierro de Pamplona

El encierro de Pamplona. Pedro Armestre.


Vienes en una estela de flashes. Aguanto, miro y sigo. Una mota negra. Vuelvo a mirar y sigo. Ya estás aquí. Miro, otra vez, y sigo. En los del Gas te tumbabas ayer y me desvelé en tu fotografía. Tengo la suerte de este instante y tú el sorteo de la tarde. Voy por el centro de la calle y una mano agarra mi brazo izquierdo mientras braceo sostenido por mi derecha. Estamos muchos, pero entre tú y yo no puede caber nadie. Nos une un vacío lleno de violencia, la existencia reducida a esa nada entre un bufido y un alma que corre delante. Todo lo mundano queda expulsado y el futuro con ello. Miro atrás y seguimos corriendo. No te puedo perder ahora que se caen a nuestro lado y levantan del adoquín el olor de la noche. Aprieto los dientes y abro la boca. "¡Vamos, vamos!". El suelo no resbala y la emoción no llega a la tele del bar, aunque es sin casta cuando se pierde esa señal. Abres paso tras de mí y yo a golpes para abrirme paso. Corres deprisa para morir y yo aún más para ser libre, porque en España uno sólo puede ser libre a tu alrededor. Antes de sentir tu testuz, mis piernas se enredan, y al caer te veo pasar como un rayo negro de punta blanca. Más colores, blanco y colorado, más negro y muchas zapatillas. He caído y he vuelto al mundo. Ruedo y ruedo y ruedo hacia la pared y, en el rodar, es el mundo el que gira, desquiciado, y pienso en la circunvolución del globo, en que Elcano giró y volvió para globalizarnos, y en el milagro de que haya seis toros de lidia por las calles de Pamplona en el globalizado siglo veintiuno. Gracias por estos diez segundos de libertad.

sábado, 18 de junio de 2022

José Tomás

José Tomás del 1997

Cuando entra José Tomás, sale el mundo, al menos el del toro, que es España entera. José Tomás lo ocupa todo y lidia con lo que sólo ocupa Dios y el Madrid: la eternidad. De todos los átomos emitidos el día genital del mundo, chocaron y se depositaron en él los de la historia. Así lo ven los tomasistas que, sabiendo de Sánchez Albornoz, dirían que la historia es la hazaña de José Tomás y que José Tomás es la hazaña de la historia. Jenófanes miró la bóveda del cielo y exclamó: "el Todo es Uno".

José Tomás Román Martín, cuatro nombres para sólo uno: José y Tomás, más de costumbre; Román y Martín, de moda entre vástagos de padres que traicionan su filiación conservadora, se proclaman liberales y acaban rumiando felices alfalfa socialdemócrata. ¿Cuántos Romanes y Martines fueron a ver a José Tomás a Jaén? Numerosos Joseses y Tomases habría seguro entre aquellos que fueron a reventar el tema, porque, a decir del tomasismo conspiranoico, hubo zurritontos que pagaron un sueldo por amargar la magnum opus anual del galapagueño. Lo que con certeza unos y otros sufrieron fue la caló, que en Jaén debe ser con lo que se fríen los dos pares de huevos de Linares, descubriendo, a la vez, que no hay nada como una Juampedradita para enfriarse el ánimo en época de un Gobierno que hace de la sauna, factor de gobernabilidad. Así, José Tomás entró, pero la cosa no salió.

"¡Que vuelva José Tomás!"

El español, muy de vueltas, revueltas y acostumbrado a la carioca que le hace el poder, se desvive por sentenciar lo que es este hombre, leyenda o mito, para algunos, pero sin una Pantoja para que llore España tras la guadaña, pues Cantora se vende y Sálvame se hunde. José Tomás es un otoño detenido en San Miguel. Es la huida del tiempo vestido de purísima actualidad y oro, con canas bajo la montera. Como Fausto (el de Goethe, no el de Marlowe), se ve indigno de la vida si no la reconquista a diario, es perseguidor de un destino interminable. Es un cuerpo recorrido por varias sangres y con el alma por fuera sacada a cornadas, tantas, que ya no pesa; vuela, levita, se transfigura. Es el recuerdo hacia el que antes se escapa del tedio de cada tarde venteña, de quien uno primero se acuerda para liberarse del mal que se ve. Es donde se refugia la memoria que migra desde la vulgaridad imperante. Es el bastión de la añoranza frente al destoreo reinante. Contradice a Federico el Grande y es el que actúa sin que sus asuntos dependan en dos terceras partes de la Fortuna, pues lo entrega todo a ella. Es la hamartia griega y el héroe para la catarsis del pueblo español huérfano de héroes, que se compadece de su maldita caída y con el que purga su insignificancia. Debía ser el Antoñete de mi generación y es hoy el torero más famoso, que ha hecho un culto del gato por liebre y que da de comer, con dos tardes al año, a todos los reventas de la piel de toro. Fue la Verdad y resucitó el Toreo en el trienio crepuscular del siglo XX, junto a una tarde del año 8 del XXI. Y ya. Es un hombre que ahora sólo pelea consigo mismo, como cualquier otro. Y es lo que no ha podido ser: un torero para la historia.

Por José Tomás, nos aferramos a Téllez como un clavo ardiendo.

domingo, 12 de junio de 2022

El día de 3 Puyazos y el puyazo de Réhabi

Réhabi, picador de toros.

Con el sol clavado en todo lo alto a nuestra espalda, subimos por la A-1 en un diésel cargado aún con resaca del pedal a Régimen de este San Isidro y la ilusión de no ver lo mismo, que es lo de siempre. Salida 34 a 34 grados Celsius, gloria y dolor de verano, que ahora es una sucesión alarmante de olas de calor proclamada por meteorólogos (ya advierte Sloterdijk que es la meteorología y no la creatividad la que ha llegado al poder). Un botellín y enfilamos la cuesta que reposa en una callecita encapada que está de Feria, la del Aficionado. Una charanga rebosa con música el aire, ya lleno de una gente que hace manifiesta su diferencia con la masa que habrá por Jaén hasta en la manera de vestirse. Contrariamente a lo que se cree, Pastoureau dice que las personas que intentan no llamar la atención con su ropa son más numerosas que las que sí. La calle es una fiesta y franceses, segovianos, alcarreños o valencianos comen y se dan la mano, estrechando su afición. Hasta las siete de la tarde cabe un paseo por el borde de San Agustín del Guadalix que, como el final de todo pueblo, es signo de la difícil reconciliación del español con su tierra. Sentados ante un altar en una rotonda a la Virgen de Navalazarza, a la que figuramos se habrán acogido los actuantes, un extremeño del lugar con mascota sentencia que Sánchez Vara es tan fijo en San Agustín como el cuartel de la Guardia Civil. Dejando atrás el camposanto, vemos ante lo más sagrado para el Régimen, la taquilla, al bravo Isaac Fonseca adquiriendo su entrada. "En este festejo todo el mundo ha pagado su entrada", reza un folio y la afición.

Con el sol de nuevo a la espalda, entramos y comienza la tarde. Sobre el ruedo se mantendrán indelebles hasta el final los hierros de las dos ganaderías, Peñajara y Prieto de la Cal, y no así la cal de otras rayas que serán varias veces delineadas. El picador parece que ha de moverse en una portería tumbada que Rosco definirá en cierto momento como el "córner". Un hombre con cartel anuncia al toro, por un lado, y al picador y a su caballo, por el otro. Nunca tuvo tanto sentido que ese hombre girara sobre sí. En el callejón no hay Amones, Calamaros, ni Abellanes pues no hay media para captar toda su afición. Sale el primero y ahí está "Javi", o el hombre que cazó a Cazarrata. Doblan las campanas de la iglesia cuando entra a matar y pensamos en Hemingway. ¿Por quién doblan las campanas? Por el arte español contemporáneo, ciego a esta belleza. El reloj avanza y gira y gira alrededor del tercio de varas, que dura más que el último tercio. Vara, Castaño y Sánchez honran al nombre de los organizadores, 3 Puyazos, y lucen a sus toros ante los varilargueros, que se lucen más o menos. El segundo, de Peñajara, pone a volar las tablas de un burladero, que vuelven a su sitio gracias a un toro mecánico (el neo-toro, si fuera eléctrico). El albahío tercero es devuelto en medio de una bronca fuera de sitio. Algunos confunden la "Feria del Aficionado" con la del "Enterado" y protestan como si sus posaderas ocuparan su asiento en Las Ventas. El tercero bis muere por un estoconazo de Imanol Sánchez. Al salir el encastado y colorado cuarto, bien picado por Navarrete y arrastrado en vuelta al ruedo, uno de los enteraos rompe su entrada y abandona la plaza. Castaño se daña la mano izquierda al inicio de su muleteo con el quinto y se fuerza a una faena con la derecha en la que enseña su temple, gusto y buen entendimiento con el animal. Con la luna subiendo por la derecha y el sol cayendo a nuestra izquierda, irrumpen el castaño sexto y el picador francés, Gabin Réhabi. Entonces nos levanta del asiento lo que nunca habíamos visto, lo que se nos birla muchas tardes, la verdadera suerte de varas: un hombre toreando a caballo con una pica en la mano y agarrando un puyazo en todo lo alto a un toro citado y venido desde una gran distancia. Sólo eso vale la entrada que despedazó aquel. Luego vienen otros tres puyazos más, con la vara cayendo más y más trasera. Al terminar el honrado Sánchez con otra buena estocada y llevarse al toro las mulillas sin trallazos, salen a saludar el picador y luego su caballo, mientras se lo agradecemos a 3 Puyazos.

Eran casi las diez y media de la noche cuando bajamos la cuesta hacia el diésel, que saldría con menos combustible, pero cargado con aficionados satisfechos que se acordaban de aquel que rompió su entrada, se fue en el cuarto y no vio a Réhabi.

jueves, 9 de junio de 2022

San Isidro 2022: la escisión entre afición y Régimen

El Régimen


Un año antes del principio de la capitulación de Occidente, Lipset y Rokkan publican en 1967 su teoría de los clivajes, anglicismo que dejaremos para los Errejones y su voz engolada, o teoría de las fracturas, y que se resume en que hay varios elementos como la clase social, la cultura o la religión, que dividen la sociedad en dos bandos. Pues bien, desde Trump queda sobradamente expuesto que la sociedad se parte como el Mar Rojo en dos: élite y pueblo. Una escisión fielmente exhibida en la Feria de San Isidro de 2022, ya sin mascarilla, en la que esos dos bandos, representados en la afición y el Régimen taurino, se han reunido, pero sólo para dividirse aún más.

Durante un mes, la afición hace con su vida un Marie Kondo -para los zoomers-, un Tetris -para los millenials-, o un Tangram -para los boomers-, a fin de sentarse tarde tras tarde en su asiento numerado junto a quien también ha pagado por el suyo para esperar el milagro. Mientras, el Régimen espera regalar asientos a C.A.F.R.E.S. (Culos de Alta Frecuencia de Renovación Elegidos por Simón), que no piensan en números, pues desconocen eso del precio de una entrada, y cuya vida diaria durante un mes no orbita alrededor de las 7 de la tarde, sino que gira en torno a la socialización de su "taurinismo" flasheando sus cabezas sobre las tablas, hasta que el amago de salto de un burel saca su lado menos bueno.

Más allá del hábito y esa nonada de pagar o no pagar, las palmas son otro elemento que afianza la fractura entre afición y Régimen, si bien es cierto que todo españolito es muy de aplaudir, a ver si le cae algo entre palmada y palmada. Así, la oligarquía de partidos acostumbró a muchos a aplaudir a diario a las 8 de la tarde, y el Régimen taurino hace lo propio sobre la misma hora con esa masa ("de repente, todo se llena de hombres", Canetti) que acostumbra a aplaudir todo lo que el torero hace, ovacionar toda bernadina sin pecado concebida, palmotear el alzamiento por los monos del penco acorazado, aclamar a Florito and The Berrendos, o jalear la alcayata que hace el matador para recoger el trasto arrebatado por el toro. La afición, en ese aire rebosante de palmadas iguales, se atreve a diferenciarse, no aplaudirlo todo e, incluso, protestar. "¡Plas! ¡Plas! ¡Plas!" Una secuencia repetida de tres palmadas seguidas de un brevísimo silencio, que podríamos decir que es la música que no suena en Las Ventas. Un staccato que puntea sobre la voz de los Muñozes y Amones, y que les duele porque con ese ruido no pueden oírse, con lo bien que hablan: "¡silencio, que no se ve!".

Lo que sí se ve y se oye es la palabra, que desde el nazismo sabemos que no es inocente y que también separa a afición y Régimen. Chantal Delsol afirma que el discurso es la principal diferencia entre los populistas, que hablan con crudeza, y los partidos clásicos, que hablan con lítotes y han adoptado la neolengua de la élite. El aficionado de San Isidro, del "7", es un populista maleducado que osa protestar lo que está mal hecho, que se atreve a no tragar con los inválidos, y que se queja en pancartas graffiteadas sin el regusto a barbitúrico y a meñique empinado de Barceló. Ese aficionado reventador es, según el adalid del porno, Rubén Amón, "lenguaraz, faltón", dice "a los toreros donde tienen que ponerse, se subleva a la autoridad presidencial", "revienta el pathos e intimida a los toreros de oro y de plata", "forma una turba inquisitorial", y "sabotea el espectáculo". Así es como pinta a la afición el Régimen, que utiliza contra ella el mismo discurso crudo que de ella censura, a la vez que impone su neolengua atenuante y correctísima, capaz de transformar un pase vulgar en un bisturí que deja una huella en el tiempo, o un bajonazo en un estoconazo. Es la llegada de lo políticamente correcto a la tauromaquia, con la que el Régimen logra que a fuerza de no poder decir nada, se acabe por no pensar nada. O lo que es peor, que se confunda la verdad con la mentira.

Pero lo que verdaderamente ensancha la brecha entre afición y Régimen es una idea. Se abre un abismo entre la concepción de una y otro sobre la tauromaquia y su devenir. Anacronismo frente a sostenibilidad, tradición frente a monetización. Para la afición, el futuro de los toros pasa por el Toro y por su pasado, por lo que ha sido, es y debe seguir siendo: un animal fiero que da miedo, que mata y que hace que enfrente sólo pueda estar un puñado de hombres que paran, mandan, templan, cargan la suerte y matan al animal. La afición vive y se desvive por conservar la tradición, entendida esta como la definió Jean Palette Cazajus en Salmonetes, como la "ilusión de vencer o parar el tiempo". Así, la afición es una ilusa que espera. El Régimen, al contrario y como las élites, no espera, sino que programa. Sobre el futuro de la tauromaquia tiene una idea con Agenda, como la de 2030, cuyo objetivo es lograr un espectáculo taurómaco sostenible económicamente en el que el toro es también sostenible porque no tiene valor. Se busca la sostenibilidad, que pasa por sostener la Fiesta a base de gintonics, público servil, plumas flabelíferas, juventud bolinga y voceros mediáticos, hasta, finalmente y de forma progresista, sustituir al toro por un holograma. El Régimen es a la Tauromaquia lo que la Agenda 2030 a Occidente, una muerte programada. Chocan así dos ideas sobre los toros que, como casi todo en este capitalismo tardío, se materializan en colas (virtuales o no): la afición hace cola para asistir al apartado, mientras el Régimen promueve colas de púberes abotellonados que entran a la plaza a la vez que sale cargado el camión del carnicero.

De forma similar a lo que dijo Bernard Shaw al diablo por boca de un Don Juan histórico, podemos decir del Régimen y sus lacayos que son unos petardos. No son malos, sino que no distinguen el bien del mal. No son modernos, sólo se mueven a la moda. No son éticos, sino correctos. No buscan el progreso, sino un toro mecánico (hacia lo robótico) y sostenible. No son justos, sólo ansían la igualdad. No son siquiera avaros, pues ya tienen lo que quieren. Y son toreros porque se visten como tales.

Afición y Régimen, dos mundos que se reúnen para dividirse en Las Ventas. Una plaza que refleja la escisión social de España, que es la del mundo. Tengo dudas de que el Toreo sea capaz de reconciliar a los dos bandos, pues premiar a Téllez (quien mejor ha Toreado, junto al novillero Martínez) hiede a treta para encumbrar a Rufo, torero del televisoro Ribagorda y del Régimen, y dejar al de Mora condenado a levantar una y otra vez la Copa Chenel (y gracias a que existe).

¿Sueña el toro con caballos de picar robóticos bajo la cubierta sostenible de Las Ventas?

La Verdad

lunes, 16 de mayo de 2022

Desde donde Leo: primera semana de San Isidro '22

El dron que casi ve el triunfo de Julián

Tres años más viejos hemos vuelto a San Isidro. Tres años arrebatados y más agujas que en el Arrebato de Zulueta. El virus chino se ha llevado a sus paisanos de los tendidos y ha calado al español, que se muestra, sobre todo, servil. El españolito acusado de contagiar a su abuelo si comía en Navidad sin bozal, ha formado largas colas para recibir su pinchazo televisado y absolverse. La aguja hipodérmica de Lasswel se ha inyectado en brazos de toda ralea: flácidos de Malasaña, inocentes de infantes, acrisolados de Charos, extinguidos de Ciudadanos y con moreno agromán, mientras, más arriba, sonríen. Sánchez ha triunfado en la casa de la rubia lacada y ha adquirido más deuda para hijos de africanos, que la añadirán a la de su Continente. Tres higiénicos años para descubrir que los sanitarios no son sólo los aparatos que pueblan nuestros cuartos de baño, sino que también son seres que bailan tiktoks en hospitales colapsados.

Tres años después para volver a lo mismo. En la primera semana de San Isidro estamos los mismos que nos fuimos, y, gracias a Dios, nadie se ha ido del todo.

Ya no nos mira el ojo del Gran Hermano subido a una grúa y hay un dron que aparece sólo en los no hay billetes (dos hasta la fecha), aunque todas las tardes hemos oído su zumbido en el seseo en la boca del aficionado A. para confundir a Leo: "Leo, mira, el dron, ¿no lo oyes?". Leo que no es, como dice J., zurritonto, ve el futuro antes que nadie y lo expresa al inicio de cada faena: "¡eeeeeel siguiente!", y al acabar cada serie de trapazos: "¡aplaudiiiid!". Normal que desde el centrismo político y taurino se nos siga tachando de faltones y reventadores, pues a ver si aprendemos que hay que aplaudir lo que está mal, aunque mal esté, porque no debe ser lo mismo ver los toros de gañote en el Callejón Amón, que pagando y al sol de mayo. Y es que el cambio climático trae dinero, pero no cambio, y en mayo aprieta el calor de siempre que torra a la afición tanto como el frecuente destoreo.

La parte mala, que no tiene que ver con el clima atmosférico y sí con el humano, es comprobar la potencia del régimen taurino para malear a toreros como Aguado, del que aún recordábamos su maravilla del '19 indeleble en estos ojos que escriben. Otros, como Cortés, quizá hastiado por la desdicha, decía Pascal, de todo hombre de no quedarse quieto y ansiar ser torero, se conformó con dar la fiesta que los coleccionistas de acontecimientos (Leo dixit) demandaron al encastado Bastardero, de El Pilar, que se lleva la victoria a mejor encierro de los ya vistos. No sé ya cuántas orejas se han paseado esta semana (me lo apunta el aficionado E.: 6), pero en esta confabulación para el triunfo de la vulgaridad por parte del régimen taurino, los Presidentes indecentes y el público servil, cortar apéndices en Madrid vale ya sólo para que el beodo que trabaja al día siguiente en Deloitte lo pueda contar a la chica de la oficina y, ambos, a sus hijos, que así se conocieron sus padres.

Domb continúa su conversión de Las Ventas en la mejor (por más grande) terraza del Madrid, capital del pedo de Almeida y Villacís. La juventud taurina (una cada vez más clara categoría social) paga la entrada para hacer un botellón en el tendido adquirido 15 minutos antes en una interminable fila en el Opencor de la calle Alcalá o en el Chino de enfrente de La Tienta. Ni un minuto después de que cayera el último toro de la tarde, el día del Patrón la juventud se desplazó a almohadillazos hacia la discoteca del 7, mostrando todo su nulo respeto a un torero herido que ni se miró el cornalón y que fue sin aspavientos y erguido a la enfermería. Ha sido lo más bravo que se le ha visto a Ginés Marín y que hemos visto en toda la Feria.

Ver lo del ruedo doble o borroso puede ser una tosca solución para los que no desean someterse conscientemente al suplicio de cosas mal hechas de cada tarde. Y en estas, otra juventud, la novilleril, enseña que, de joven, poco, y de mentir, mucho. Ante los encastados pero nobles de Los Maños se afanaron en aplicar todas las reglas julianas y lograron que las mulillas los arrastraran con las orejas puestas. Así, una semana y ni Leo ni yo aún nos hemos levantado del asiento para aplaudir emocionados algo bueno de los de a dos patas. Mientras, otros enrojecen sus palmas acompañando la actuación de Florito and the Berrendos, las bernadinas y estocadas caídas de Lorenzo, el brindis interruptus de Marín antes del tacazo, o la escalada de todo picador a lo alto de su caballo aupado por los monos (de tanto mono, cada vez más los dominios del varilarguero parecen El Planeta de los Simios).

Pero en este universo replicado Feria tras Feria, como en el de los hermanos Wachowski antes de ser hermanas, se ha colado un glitch: Julián López, "El Juli". Tuvo el de San Blas que salir de Garcigrande a La Quinta para actuar en su segundo como nunca en Madrid. Del cándido primero, las buenas gentes, incluida la parte más roscosa del 7 bajo, que venían a ver a un más fino Morante, le habían entregado una orejita. Dos toros después y unos minutos más tarde de haber comentado con el compañero K.: "a ver si Julián el Poderoso que cantan los revistosos puede con este toro", Juli pudo con Gañafote, que cuántos toros así se han ido sin pena ni gloria al matadero, y le arreó dos larguísimos naturales finales que le hicieron llorar al no refrendarlos con la espada. Y esto fue casi una revelación para aquellos que desde la fila 25 del 7 hemos adorado el ara juliana erigida en un pilar de la andanada del 9. Porque la afición es la que siempre espera, ¡cómo no hacerlo si al final el derecho culo de Chanel ha vencido sobre las tetas zurdas de la Bandini! Ah, y seguimos esperando al Talavante bueno.

En fin, que la vida debe ser esto que se repite nuevo cada San Isidro.

«Mientras más vengo a La Maestranza menos me gusta Las Ventas»*

*Artículo publicado en el N° 65 de «La Voz de la Afición»: https://eltoro.org/boletin-65-la-voz-de-la-aficion-de-junio-2026/  «M...