Una raspa. Mira a toriles porque anhela morir ahí dentro, sin pelear. Sale picado y prueba ya la arena en el recibo de Uceda. Va andando al caballo; empuja, le pegan trasero, se encela. En el segundo puyazo acude pronto a por un picotazo. Se distrae al cite del primer banderillero, que pasa en falso. Protestas en vano por la flojera. El toro saca la castita juampedrera y la lengua cuando el matador coge la muleta, que sigue y persigue y que Uceda se la pone y se la quita sin fiarse. Se hace el toro con él. Media atravesada. Descabella a la segunda.
Sale otro novillo. «Toooro toooro». Se cae como el anterior en otra verónica de recibo. Hay toros bravos, mansos y areneros: con querencia por la arena. Flojísimo. Lo devuelven. Se va obediente y felizmente a toriles entre sus hermanos bueyes. Quizá ése era su destino.
Ahora una birria de Montalvo, se para también junto a toriles. Sale cagado y lleno de mierda. Recibe tres lanzadas en el primer encuentro. Ya saca la lengua. Los pelitos del morrillo. Recibe otra lanzada doble horrible. La lengua hipnótica. Muleta. En el segundo lance por bajo aterriza durante varios metros. Por la derecha el toro lo apura y Clemente luego no lo agobia. Pases y más pases, en un bar. Todo despegado. Golletazo y varios puntillazos.
Un coloradito anovillado con su manchita blanca en la bragada, señal de inmaculado. Buen primer puyazo. Segundo puyazo en mejor sitio y el toro cumple. Quita Uceda, sin lucimiento. Responde Aguado por chicuelinas sobaqueras, algunas sin darlas. Toreo fantasma. El pica era Espartaco. Se despunta el pitón izquierdo. ¿Merengue? Aguado respira aliviado porque antes del tercer par el toro saca la lengua. No le gusta: cabecea el torero, no el toro. «Educar a los públicos». Manda narices. Pase y carrerita. Pose y carrerita. Como una modelo, pero corriendo en vez de andando. Se sale de la suerte suprema y se tira abajo. Otra vez igual. Casi entera atravesada. Segundo descabello, con pinchazos en el hocico del toro: su educación.
Otro torete protestado. Verónicas aturulladas de recibo, el toro con codicia y humillando. Bien agarrado en el primer encuentro. El toro también es arenero. Más trasero el segundo puyazo, el toro sale pronto y vuelve para no recibir castigo. Quite del «uy» de Clemente. Se cae al ir al encuentro del primer par. Sánchez clava pasado. Embiste bien el toro en el capote de brega. Por bajo y a la zurda, pronto. Deslucida la serie entre las caídas y los trallazos del torero. Sin acoplarse y sin inspiración. No le ha cogido la distancia. Uceda actúa como un búmer: a lo jubilado. Media bien ejecutada, perpendicular.
Mediogayola. Casi le rebana la cabeza francesa. Un toro sería la guillotina española. Toro negro, más serio. Aprieta mucho, también en el caballo. Buena pelea. Casta. Buen par el tercero, del segundo. Con la muleta Clemente está a merced. Terrenos de adentro, el toro se hace el señor, pero el torero no rehúye. Una tanda al final con la derecha, un gran derechazo por dentro y el toro se ha sentido podido. Cambia a la zurda. Ensarta con un pitón el muslo del torero, lo levanta, lo zarandea y lo lanza. Terrorífico. Estaba colocándose haciendo el numerito mirando al tendido y el toro, celoso de su sitio, no ha dudado. Al hule se lo llevan muchos brazos de subalterno. Pasan helicópteros: ¿el Papa? ¿No llegaba mañana? Lo mata Uceda.
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