Por alguna misteriosa razón, cuando pienso en la expresión "mano a mano", me asedia la letra de la canción de Estopa: "Cacho a cacho / Gramo a gramo". Y en esa lírica juguetona enredada en mi cabeza se queda el sinsentido que le encuentro a estos duelos y, en especial, al de hoy. Si se entiende a la tauromaquia como dialéctica, la relación de oposición es entre el animal (toro) y el hombre (matador). Ésa es la auténtica rivalidad. Cualquier otra es impostada: "Acelera un poco más / Porque me quedo tonto / Y vamos muy lentos".
Y la realidad es que hoy el duelo entre Fernando Adrián (3 Puertas Grandes en sus 3 últimas tardes en Madrid) y Borja Jiménez (2 Puertas Grandes en menos de 1 año) lo ha ganado Victoriano del Río. Los seis toros, y especialmente cuatro (1°, 2°, 3°, sobre todo, y 5°), junto a la lidia posmoderna de los dos matadores, particularmente Adrián, han ofrecido un genuino espectáculo de Taurorrea, que es la forma que adopta la Fiesta Nacional cuando el burel se mueve y mueve con tal frecuencia y tal blandenguería, que pareciera un fluido, y cuando el torero actúa y actúa dentro de unos cánones líquidos, esto es, cuando el arte de lidiar (luchar) con toros pasa a ser la estupidez de evacuarlos, porque se les podría haber toreado, pero, pa qué, si hay tres cuartos de la plaza llenos de contrafición dispuesta a hacer que el hombre triunfe como sea sobre la cagalera, no vaya a ser que salpique. Para sufrir de Taurorrea también es necesario, como así ha sido hoy, sustituir al puyazo por un picotazo, de manera que el toro, criado de acuerdo con el lema del Capitán Nemo, Mobilis in Mobili, pueda exhibir el fruto de su crianza, la casta de la durabilidad, frente a la capa roja.
Tras una portagayola, el primer anovillado toro estuvo todos sus veintipocos minutos trotando por el ruedo, tan a su aire, tan a su son, que bien, cuando andaba en solitario, nos recordaba a Rajoy en sus caminatas matutinas, o bien, cuando Adrián andaba por ahí, a esa entrañable película, Paseando a Miss Daisy. El matador no vio la necesidad de estorbar al animal, lo acompañó a trallazos, culerinas, destoreo y bernadinas, y en ningún momento le dio la distancia ni se lo llevó al terreno que pedía. Lo degolló de un bajonazo saliéndose y muñequeó como haciendo vudú frente al culo en pompa del toro hasta que cayó. Se fue sorprendentemente ovacionado en el arrastre, ese toro que huyó al sentir la puya por segunda vez.
Tras otra portagayola, Jiménez dejó un meritorio y jaleado en exceso recibo por verónicas en los medios torileros. Como el anterior, recibió el toro un picotazo por segundo puyazo, al que arrancó con alegría, por lo que se protestó el cambio de tercio. Dos veces tomó el olivo un subalterno, pese a la franqueza del animal. Ya en la faena, Jiménez exhibió que se puede estar de mil maneras frente a uno de estos toros de movilidad sostenible cuya única dificultad, por no decir facilidad, es, precisamente que se mueven: de pases sentado en el estribo, a arrodillados, a desmanejados con la derecha, a descargados, a punteados por la izquierda, a del culito y hasta un final a pies juntos con la zocata y cerrándolo por bajo que sería lo mejor de la tarde. Si Chenel era de "pronto y en la mano", los toreros de hoy son de "tarde y en la mano, pero de Rocío, la alguacililla". Sonó un aviso, pinchó a voces, mató al soso toro de estocada caída y atravesada y se dio una vuelta al ruedo porque sí.
Adrián no nos aburrió con más portagayolas y recibió a mantazos al tercer toro, el más encastado. El picador, bien presentado, propinó un primer puyazo en el brazuelo, que rectificó, y un segundo picotazo del que el burel salió despavorido. Quitó Jiménez (en todos los toros hubo quites y en ninguno piques) y sirvió para ver toda la longitud del órgano de deglución del cuadrúpedo y poderla comparar con la de los de sus hermanos, expuestos a la intemperie igualmente. Curro Javier expuso mucho en su último par del que salió andando torerísimamente. Ante la casta y ciertas complicaciones del toro, Adrián optó por cazcalear en vez de lidiar. La faena estaba en su cabeza, prefabricada seguramente desde hacía muchas noches, pero el cuerpo iba a la contra. Con una estocada atravesada se tragó el toro la muerte, a la que encontró en su camino hacia las tablas de chiqueros, bajo otra incomprensible ovación del respetable.
Jiménez optó por otra portagayola y un recibo ecléctico (o talavantino) de capote. Se vino el toro por dentro al picador, que lo cogió arriba, igual que en el segundo, un picotazo. Quitó Adrián por delantales y pensamos en que hay mandiles, mandilones, babis y lo que sea que utilice el chef José Andrés para repartir solidaridad por el mundo. La faena fue de la vulgaridad del inicio de rodillas, a la vulgar movilidad del toro sin nadie que la condujera, al vulgar desmayo, y al vulgar espatarre, hasta llegar a varios desarmes. El mérito del matador fue, en ocasiones, dar distancia, aguantar y plantar la muleta en la cara a la vuelta. Tras un pinchazo en la paletilla y una media atravesada, sonó un aviso y descabelló a la tercera.
Salió el quinto, un juvenco con destartalados pitones, y verónicas de desmayo y culo atrás de Adrián lo recibieron. Otra vez huyó el toro de la pelea con el caballo y hubo otro quite, de Jiménez esta vez, por delantales, por decir algo. Álvaro de la Calle le quitó el toro a un banderillero a la salida del par. Bien lidió Curro Javier y bien cerró al toro. El matador se arrodilló y el animal pasó por delante y por detrás, un, dos, tres. De pie, se sucedieron las cogidas, los sustos, las voces, "vámonos, toro", el perfileo, el descubrirse, y el ir y venir del toro sin mando alguno. La bronca se desató en los tendidos y sobre otras manoletinas de cierre. Se salió al matar y dejó un pinchazo bajo y atravesado. Descabelló a la segunda y se silenció su actuación.
La evacuación taurorreica que se produjera en el sexto toro no la vi, así que no diré nada sobre ello (sin OneToro TV, a varios cronistas oficiosos se les acabó el teletrabajo), pero sí repetiré que el "mano a mano" entre triunfadores se resolvió con los dos derrotados, Adrián más, por los bureles taurorreicos eyectados por Medianillos Ganadera S.L.. "Cacho a cacho / Gramo a gramo".
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