lunes, 8 de julio de 2024

Segundo encierro de San Fermín 2024. Ni Cebada

Gran parte de las esperanzas de ver un encierro diferente, por emocionante, estaban puestas en hoy, lunes 8 de julio, y en los toros de Cebada Gago. La ilusión de ver sobre el adoquín pamplonés la bravura clásica, ese reflejo condicionado transmitido por herencia desde el siglo XVIII que se traduce en acometividad frente a una excitación visual, en intolerancia agresiva contra aquello que invada su espacio, su terreno, en no permisividad a que un hombre lo engañe, juegue con él, lo toque, palpe su testuz, se apoye en su lomo, acaricie su oreja o palmee sus pitones. Hoy, nos hemos llevado la desilusión de unos cebaditas, de pitones inmaculados, eso sí (hay más verdad en las puntas de sus pitones que en todo el neo-toreo sugestivo de hoy), que han consentido de todo a los corredores sin el más mínimo riesgo. Se han dejado manosear, adelantar, atosigar, hasta se han tumbado sobre ellos y no han dicho ni . Unos toros genuinamente europeos, a la francesa, entendiendo por esto el comportamiento político de sus ciudadanos, de su demos, que vota en su contra a favor de una inmigración masiva, sin celo de su territorio y orientado por sus élites extractivas. Es decir, un pueblo manso con toros mansos. Ha sido un encierro de consumo rápido, de corte futurista, mcdonalizado, fácilmente digerible y que lucirá apropiadamente en la apertura de los telediarios felices de la victoria de Macron. Ahora bien, los corredores habrán disfrutado de lo lindo, que también es cierto que cuando uno va en la cara de un Cebada a esa velocidad es como tirar una moneda al aire y esperar el derrote o la gloria.

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