Como es bien sabido, Alfonso Navalón (qepd), salmantino y tótem de la afición, escribió un único libro: Viaje a los toros del sol, en el que el protagonista es el toro, el del frío de Salamanca y el del sol de Sevilla. Todo gira en torno al toro de lidia: se habla de El Chato y sus gracilianos, a los que de cada 100, a 7 se les daba la vuelta al ruedo, de Pablo Romero y cómo fue vetado por Manolete al negarse a afeitar sus toros, o de que lo que le daba miedo a Pepe Luis Vázquez era no ver la penca del rabo del toro. Bien, pues lo de esta tarde, a pesar de contar con una casa de renombre en esos toros del frío, se podría decir que es un viaje a los toros del gintonic. El gintonic es el elemento que define el toro que sale, el torero que viene con él, el público que abarrota el tendido, y eso que, inexorablemente, va transmutando el carácter de la primera plaza del mundo. Todo gira en torno al gintonic, porque es lo que da billetes.
Los toros del gintonic son la amalgama en un mismo cartel de lisarnasios de El Puerto de San Lorenzo y de Valdefresno, con juampedros de La Ventana del Puerto, a los que se ha añadido otro de El Vellosino (2 bis). Quizá en esa mezcolanza lisarnasia-juampedra pueda hallar algún Doctor Frankenstein de nuestro campo bravo al toro del zeitgeist actual.
Los toros del gintonic son con los que se acartelan las máximas figuras. Hoy, Manzanares, de Justo y Roca Rey. Y, precisamente, por figurar estas figuras, el toro exhibe cuernos pasados por el barbero, un trapío indigno de Madrid (¡qué choto, el tercero!), una invalidez propia de Echenique (que diría Leo), y un descaste (ningún lisarnasio ha salido siquiera abanto) como el del pueblo español, que lo confinan varios meses y le amañan elecciones, y ni se inmuta. También los toros del gintonic son en los que ha de aparecer alguno móvil y colaborador, como ese quinto Cigarro que se le ha esfumado con las orejas al segundo matador de hoy.
Los toros del gintonic son en los que todo lo anterior es engullido gustosamente por gentes que con lo que han pagado por su entrada les han arreglado el verano a los reventas, y regulgitado por una afición en forma de protestas, de las que, a su vez, se queja el que ha pagado de más. Porque en los toros del gintonic el entretenimiento está en los tendidos, y no en el ruedo. Se permite el dicterio desmedido al que paga y protesta ("¡Los del 7, hijos de puta!"), y se deslegitima el exigir al del ruedo que lo haga bien ("Roca, presa del bullying").
En los toros del gintonic el tercio de varas es un trámite que despachar con la mayor eficacia posible, esto es, con picotazos traseros y sin hacer la suerte (de hoy se salvan los correctos puyazos de Germán González).
Los toros del gintonic son en los que se celebra todo par de banderillas que cae encima del burel, donde y como sea, y se desmontera todo aquel que así lo hace (hoy, Morenito de Arles, con dos pares pasados y sin reunir).
Los toros del gintonic son en los que se da un neo-toreo de masas, basado en un toro móvil y un torero más o menos quieto en descarga, desconocimiento (de terrenos, comportamientos y técnica) y desajuste, ya sea éste gracioso (Manzanares), serio (de Justo) u obsceno (Roca). No se torea al animal, sino que se le vocea, y la maestría se mide por la habilidad del matador de llevar al toro sin que se caiga. Una tauromaquia ruidosamente sostenible.
Los toros del gintonic son en los que, por suerte, la mayoría de veces la suerte de matar horriblemente ejecutada impide el triunfo orejil que ansía la gente-de-cubata-en-mano.
Los toros del gintonic son en los que el público apetece más lo divertido que lo emocionante (hoy, el levantamiento de tablas del quinto en el burladero del 7). Por lo que se aplaude todo, que el españolito es muy de aplaudir, a ver si entre palmas y palmada le cae algo. Y eso incluye, casi obligatoriamente, la actuación de Florito and the Berrendos, que sale siempre ovacionado. ¿Llegará un momento en que lo mollar de las crónicas sea cantar la labor de Florito?
Los toros del gintonic son en los que se bebe el destilado de la cursilería en forma de crónicas acríticas y paniaguadas. ¡Qué dolor leer a Zabala de resaca!
Y los toros del gintonic son en los que la galería de detalles de la tarde de Las Ventas recibe más visitas que las fotografías de los toros del día.
Pero los toros del gintonic son también en los que resiste una afición, como luz zodiacal, que muchas veces se pregunta por qué seguir con ello.
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